martes, 2 de julio de 2019

Un caluroso «hasta luego»


El pasado jueves, una soleada y calurosa jornada en la cual las máximas superaron los 35º, tuve que volver a Vitoria tras casi un mes del inicio de mis vacaciones. Aproveché la ocasión de pasar un rato en la estación nada más llegar en el Regional Exprés 16000, ya que no tenía otra cosa que hacer hasta el mediodía. Ya durante el viaje y al bajar de éste se notaba la reducción de viajeros, especialmente de jóvenes, aunque en Alsasua, Araia, Salvatierra y Alegría el caudal de gente seguía siendo el mismo. Tras la vuelta de la 447 a tierras guipuzcoanas me dí un garbeo por los andenes y fotografié la extraña dresina de “Materiales férricos” que, según los autóctonos, llevaba dos semanas descansando en la vía de mantenimiento. Al fin, tras esperar poco menos de una hora, pude tomar una foto que, que yo recuerde, no tomé durante los nueve meses que llevaba habitando en la ciudad. Era la de este Surexpreso remolcado por la 252-034 estacionado antes de retomar su marcha a Hendaya.

Todo seguía igual tanto en la estación como en la ciudad, aunque con menos gente. Supongo que también las altas temperaturas desanimaron a muchos a salir a la calle, incrementando el vacío de las calles. Me paré en una esquina de la calle Dato con General Álava para observar el paso de los tranvías y autobuses cuando al rato una señora cercana a la cincuentena, con una voz gastada y desesperada me pidió un cigarro. -“Lo siento señora, no tengo tabaco”.- Siguió calle abajo mendigando aquel cigarro que tanto ansiaba a los pocos con los que se cruzaba, mientras yo tomaba unas pocas fotografías al ya mencionado material rodante. Di una vuelta por aquellas calles por las que hace un tiempo que no paseaba pero el calor empezaba a apretar verdaderamente, por lo que tomé el camino a casa al poco rato, para aprovechar el tiempo en otros menesteres.

A la tarde, me animé a ir a la estación para sacar unas cuantas fotos más, aunque el poco tráfico que hubo no hizo desmerecer la buena compañía de Luis, a quien mando un saludo. Ya ni los regionales navarros ni los guipuzcoanos igualaban como antes el gentío que generan los Alvias de Barcelona y Gijón. Por suerte, el Arco Camino de Santiago trajo tres coches y nos compensó un poco la espera, ya que vino con cierto retraso. De noche tampoco los bares de la calle de la Cuchillería tenían tantos clientes como hace semanas y era otra clientela la que alternaba ya; como por ejemplo, varios profesores jóvenes (y ya no tan jóvenes) que contaban a las 2 de la mañana del viernes que debían acudir a una hora temprana a un claustro.

El viernes a la tarde, montando en el Intercity 04177, me despedí al fin de la ciudad de Vitoria hasta principios de septiembre. La echaré sin duda en falta, pero no esta aborregada y medio vacía de verano, sino la alborotada y viva, la llena de gente.  

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