Tras un largo y a ratos algo aburrido verano (a pesar de las buenas vacaciones y algunas reseñables jornadas ferroviarias) va acercándose el momento de volver a la normalidad, tan ansiada por algunos y tan desdeñada por otros; a pesar de ello, el ferrocarril, siempre presente en nuestra mente, sigue arrastrándonos a la vía, en algunos casos para observar y captar el paso de excepcionales circulaciones. El pasado martes me levanté bastante tarde y nada más encender el teléfono me encontré con el aviso de la bajada a mis lares de una de ellas. No había tiempo que perder, así que vistiéndome rápidamente subí al enclave del puente lado Madrid. La luz no me convencía en exceso así que pensé que en el encuadre de la fotogafía “Lo viejo y lo nuevo” era más conveniente, además de que le añadiría cierta espectacularidad. Para ello tenía que cruzar los puentes, uno de los dos, así que elegí el nuevo por comodidad, dándose la casualidad de que a mitad de camino el 16001 pasó en dirección Irún a escasos centímetros de mí. No lo tenía previsto, pero tampoco corrí ningún peligro.
Me situé en el mencionado encuadre y ya podía oír la lejana voz sintética de la megafonía del apeadero: “Tren bat pasako da gelditu gabe, trenbideak ez gurutzatu/Va a pasar un tren sin parada, no crucen las vías”. Preparé la cámara… pero lo que venía era el Surex, que de vez en cuando, como fue el caso, se cruza en mi pueblo con el Arco.
Poco más tuve que esperar para disfrutar de estos curiosos armatostes, la 319-340 arrastrando el VUR, ambos en un deplorable estado estético en el que tiene origen el título y del que no merece la pena extenderse en demasía, aunque cabe mencionar que el frontal de la locomotora la pude limpiar obteniendo un resultado más que aceptable tras un buen rato frente al ordenador, no atreviéndome así con el resto de suciedad.
Mientras a una velocidad bastante ligera se deslizaba por el viaducto en dirección a Irún este auscultador ultrasónico, una pequeña ardilla roja, quizás alertada por las casi imperceptibles vibraciones y temblores causados por el paso del convoy, asomaba la cabeza entre los raíles de la vía 1 del viejo viaducto, la de Irún, que no se ve en la fotografía. Mientras sacaba algunas fotografías del estado del puente para un compañero de Instagram, se dio un garbeo saltando y corriendo de forma envidiable por el tablero del puente, dejándose captar por mi cámara en un intento de “barrido”. Quién sabe, ¡quizás a ella también le gustan los trenes!
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