sábado, 3 de agosto de 2019

A la carrera

Este mediodía, totalmente por sorpresa, ha tenido lugar mi primera persecución en bicicleta a un tren; sin embargo, aunque de primeras la cosa suene a fantasmada, es completamente real, aunque evidentemente hay trampa en esta curiosa persecución que ahora os voy a contar.
Poco antes de comer, mientras veía la tele y editaba algunas fotos, he oído varias pitadas por lo que he salido al balcón a ver cuál era la circulación que tanto escándalo creaba con sus bocinas. Para mi sorpresa, resultaba ser una 253 limpia, la 080 para ser más exactos, que mientras echaba chispas en su pantógrafo se deslizaba cuesta abajo por el puente, remolcada por el peso del TECO que debería remolcar a Abroñigal. Como antecedente hay que comentar que el martes por la noche oí el Trasona haciendo mucho ruido como si estuviera parado, y resultó que el miércoles estaba apartado en Beasain, cuando a su rescate acudió una 251 limpia. Por desgracia no pude captar esta curiosa circulación, aunque algunos compañeros tuvieron la fortuna de poder hacerlo, cosa de la que me alegro.
Nada más verlo me he vestido un chandal y zapatillas y me he dispuesto a subir a la estación para verlo pasar. Por desgracia, al llegar al portal me he dado cuenta de que se me había olvidado volver a insertar la tarjeta SD en mi cámara, por lo que tras subir a todo correr los tres pisos de escaleras para volver a bajar y subir después la cuesta de la estación. Para más inri, al llegar a la estación he podido observar que el TECO ya estaba pasando por el terraplén que salva el pequeño valle en el que se encuentra el caserío Andi, donde nació Tomás Zumalakarregi.

He vuelto a bajar al pueblo y he ido a por la bicicleta de mi hermano, una mountain bike con ruedas anchas y frenos de disco que prefiero no utilizar por su peso superior al de las bicicletas de corredor que estoy acostumbrado a usar. A toda marcha he salido del pueblo usando el carril bici, y he alcanzado la “cola” del tren cuando se ha detenido momentáneamente en Salbatore, junto al antiguo circuito de tráfico, hoy día una explanada de asfalto enterrada casi completamente en hierba. Nada más alcanzar a verlo, la 253 ha vuelto a dejarse deslizar, por lo que sin bajarme de la bici he seguido hasta la boca del túnel de Salbatore, aunque allí la cámara, por tenerla mal configurada, así que he tenido que seguirla a todo correr para poder captar su paso en el puente de Antzizar. Al llegar y bajarme de la bici, me ha comenzado a dar un ligero mareo, tal vez por la rapidez con la que me he incorporado, por la sed que no podía saciar por la falta de una botella de agua y por el esfuerzo de bajar a gran velocidad hasta Beasain con tantas subidas y bajadas de cuestas para alcanzar la vía, agravado probablemente también por mi asma y el Farias que fumé ayer de madrugada mientras veía “El Espantatiburones” junto a mi cuadrilla.


Al poco de llegar han asomado por el túnel a poca velocidad los primeros contenedores, por lo que he preparado la cámara y el encuadre y he esperado atento a que llegase la locomotora, mientras se me pasaba el momentáneo y ligero desvanecimiento. Al sacar la foto ya he descansado, tanto física como psicológicamente, y me he acercado a la estación de Beasain a beber agua en la fuente del parque más próximo y a observar dónde era apartado el mercante. Tras beber lo equivalente a dos o tres botellines de agua y sentarme en un banco, he podido ver cómo la 253-087 llegaba al rescate, sucia como ella sola, y paraba en paralelo a su fatigada compañera en la playa de vías de Beasain, que seguramente ha sufrido una falta de tracción.

Al final, tras esta curiosa carrera, he podido volver a casa hacia las tres y disfrutar de la comida, que aunque a deshoras, ha entrado bien. Por desgracia no todo es tan positivo, ya que al parecer durante alguna de mis paradas he perdido (o me han sustraído) el cuentakilómetros de la bicicleta de mi hermano, por lo que a la tarde he tenido que volver a hacer el camino hecho a la mañana para efectuar su búsqueda sin ningún resultado. Al menos, durante su infructuosa búsqueda he encontrado un abono de Cercanías de 1991, amarillo y larguirucho, para trayectos entre Andoain Apd. y San Sebastián, tirado en pleno bidegorri. Una curiosa manera de estrenar el agosto que ayer comenzó.


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