Con todos los escándalos que últimamente rodean a la Casa Real y la corona, envuelta también en la epidemia mundial en la que estamos inmersos, la única que se salva de las dudas sobre su nobleza es Su Majestad la Reina de Renfe. Siempre vestida con sus mejores galas presume de su aristocracia mientras trabaja sin cesar, como los humildes hidalgos campesinos de las provincias dotadas de hidalguía universal, que de nobles solo tenían su consideración como la parte más baja del estamento; pero parece que, a pesar de su humildad y buen hacer, se le ha pegado alguna de las malas costumbres de la más alta nobleza, pues lucía un "ojo morado" a pesar de haber pasado revista hace no mucho. Qué se le va a hacer, es la Reina a pesar de todo...
Aquí la vemos arrastrar un balastero a Caparroso procedente de San Felices a su paso el 22 de febrero por Vitoria, ciudad por donde días antes de la toma de la fotografía se paseaba Urdangarín del brazo de la Infanta Elena; el autor de la misma sólo conoce la realeza de la mano de esta máquina y de participar como Gaspar en la cabalgata de los Reyes Magos, y sin ninguna duda se queda con este tipo de majestades, las cuales deberían abundar un poco más.
Unas horas después, aislada hace el recorrido a la inversa hasta Miranda, pasando junto a la vieja aguada de Norte. Debajo, cumpliendo con el mismo servicio, la vemos el 14-II-2020, día de San Valentín.
Esta locomotora, que conserva la librea original gracias a una solicitud de la Asociación de Amigos del Ferrocarril de Gijón prodigiosamente aceptada por Renfe, fue fabricada en las instalaciones de la valenciana Materiales y Construcción S.A. (MACOSA) bajo licencia de Mitsubishi Electric Corporation (MELCO) y en colaboración con Westinghouse España S.A. (WESA) y General Electric España (GEE) durante 1983, junto con el resto de su serie (de las cuales 2 fueron importadas de Japón, 10 construidas en la ya mencionada MACOSA y otras 18 en Construcción y Auxiliar de Ferrocarriles (CAF)) y algunas milagrosas excepciones de la serie 269 que aún circulan en manos privadas y que por el momento mi mala suerte no me ha permitido captar de forma honrosa, forma parte del último bastión de aquella generación de locomotoras de tecnología y estética japonesa que desde mediados de la década de los 60 circulan por territorio nacional. No nos queda más que intentar que esta locomotora deje de ser una excepción en cuanto a recuperación de libreas y desear larga vida a la vieja guardia japonesa: God Save the Queen y a su séquito, aunque teniendo en cuenta su origen, quizás sea más correcto llamarla Emperatriz...
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