miércoles, 10 de abril de 2019

Viaje en el tiempo

470-025 con el 18061 en Vitoria el 3 de abril del 2019 a las 15:03.
El pasado viernes tuve la oportunidad de viajar en el 18061 y montar en la 470-025 para volver a casa, debido a la oleada de estas últimas semanas. Si bien la experiencia fue extremadamente satisfactoria para mí, para la mayoría de viajeros quizás no lo fuera tanto. Nada más subir al tren, el interventor canoso que comenté en mi anterior foto hizo acto de presencia para avisar a todos los viajeros que aquel tren tenía como destino San Sebastián y no Pamplona, ya que la hora a la que llegó (sobre las 15:10) y el automotor que prestaba el servicio podría llevar a la confusión a más de un viajero navarro, a pesar de que la megafonía y la cartelería de la estación lo dejaban bien claro. Al ver a este señor, las chicas que esta vez me acompañaban, unas estudiantes de mi pueblo, se echaron a temblar: en un principio tenían pensado tomar el 18063 y fueron a la estación para comprar el billete, pero al ver que el 18061 iba con tanto retraso intentaron comprar un billete para este y así volver antes a casa, pero el sistema de venta ya no les permitía comprarlos. Recordaron que una vez llegaron tarde al 18063 y al montar sin billete dicho interventor les echó la bronca, y me dijeron que no se atreverían ni a pedirle el descuento de la tarjeta joven por su mal genio. Dicho comentario me sorprendió, ya que yo las pocas veces que lo he visto lo he notado sosegado, pero ellas desde luego no opinaban lo mismo. Para asustarlas un poco les dije que quizás se acordaba de ellas y que por ello la bronca sería mayor.

La 470 iba ganando lentamente la elevada velocidad que la llanada alavesa permite a las circulaciones; si bien la aceleración y la velocidad punta era inferior a la que alcanzan normalmente las 449 el confort era muy superior en cuanto al ruido de los acabados y la comodidad de los asientos, todo ello contrariado por la falta de plazas y la desajustada megafonía desde la que el maquinista anunciaba las paradas, curiosamente las alavesas en castellano (Alegría, Salvatierra…) y al llegar a Alsasua en euskera (Altsasu, Legazpi…), que asustaba a los viajeros con más sueño, seguramente consecuencia la juerga del jueves, por sus chirridos y su alto volumen. Llegando a Alsasua o quizás antes, mientras nos acercábamos a las nubes negras que ya traían la lluvia a estas tierras, el interventor llegó a nosotros. Sorprendiendo a las chicas, el señor comenzó a emitirles el billete sin rechistar, preguntando si lo iban a querer con el descuento de carné joven, facilitandoles el pago sugiriendo por medio de dinámicos cálculos la entrega de cierta cantidad de dinero para que la vuelta fuera exacta y facilitarles la venta… una de ellas, la que iba a pagar, se quedó perpleja ante sus explicaciones pero entendiéndolo todo y obedeciendo. Tras finalizar, comentaron lo sorprendidas que se quedaron, achacando el mal humor de aquel día a la falta de una buena siesta que quizás esta vez sí que echó.
Tomada en Beasain el 5 de abril del 2019 hacia las 16:30.
Al llegar a Beasain la tormenta descargaba con fuerza y mojándome bastante saqué otra foto allí, aunque por las pobres condiciones de luz y el lugar desde el que saqué la fotografía no me convenció lo suficiente como para subirla. Tras la marcha de este Media Distancia abandoné con prisas la estación para ir a comer (o más bien merendar por la hora a la que llegué, aproximadamente las 16:30), con mi “abuela postiza” M.ª Carmen. Ella, amiga de mi madre desde hace muchos años, conoce bien mi afición, y por consiguiente y también por usarlo el mundo del ferrocarril, se sorprendió cuando le enseñé la foto, expresándolo con un sonoro “¡Jesús!”. Recuerdo que antes de que las 470 abandonaran la provincia, tendría yo por aquel entonces más o menos 12 años, viajé a Irún justamente con ella en una de estas unidades, cuando aún eran naranjas si no recuerdo mal. Qué tiempos aquellos...

jueves, 4 de abril de 2019

Cuán presto, ¡ay, mísero!


Arco Camino de Santiago en Vitoria el 28 de marzo del 2019 a las 19:23.


“...cuán presto huyó, como un relámpago despareció”. Estas líneas de la Romanza de la Duquesa, de la zarzuela “Jugar con fuego” de Barbieri, muy conocida en la versión de Pilar Lorengar por ser usada en un anuncio de Seguros Ocaso hace unos años, concuerdan con las circunstancias de la parada de este Intercity 00280, el Arco Camino de Santiago, menguado y mísero, reducido casi al mínimo, que llega siempre tarde (unos 10 minutos en la toma de esta foto, debido a la avería del enclavamiento de San Estevo do Sil según Gustavo Rivera) y siempre marcha con prisas, acortando al mínimo el tiempo de parada intentando recuperar sin demasiado éxito el tiempo perdido, aunque esta vez el maquinista, al verme apurado para sacar algunas fotos desde el encuadre de fuera de la marquesina, intentó atrasar un poco la salida y salió algo más despacio de lo normal, cosa que es sin duda de agradecer. Ésta es una fotografía que hace unos meses era poco menos que imposible, ya que las condiciones de luz eran bastante malas al ser ya casi de noche, y además, como la locomotora siempre se sale de la zona marquesinada, costumbre reminiscente de cuando llevaba tres coches más como mínimo, las velocidades de obturación necesarias para que saliera nítida hacían imposible el encuadre; sin embargo, en cuestión de meses la cosa cambió de noche cerrada a bonito atardecer. Pero poco se ha ha podido aprovechar este cambio que ha tardado meses en dar sus frutos, ya que el sábado como todos sabemos se cambió la hora adelantando los relojes una hora, así que en menos de veinticuatro horas la cosa habrá pasado de bonito atardecer a (seguramente) incómodo contraluz.  Un repentino cambio que a todos nos beneficia y perjudica a partes iguales, ya que algunos ahora podrán disfrutar de este tren con una luz más benévola, y otros podremos disfrutar de otras circulaciones con algo más de luz, el Surexprés por ejemplo.


Tomada el 17 de enero del 2019 a las 19:27.
Al hilo de todos estos cambios de hora, tiempos, horarios y costumbres, el pasado viernes viajé en el Media Distancia 18063 para pasar el fin de semana con mi familia. Durante el trayecto pasó el interventor, un señor espigado y de pelo corto y cano que usaba unas gafas de leer de plástico y el típico traje de chaqueta y corbata; entonaba con una voz totalmente serena y agradable, casi robótica e hipnotizante, su repetitiva cantinela de “hola, buenas tardes” exigiendo sin llegar a pedirlos esos billetes que debía revisar, la mayor parte de veces sin ni siquiera obtener un simple “buenos días” de vuelta, no digamos ya el “gracias”, más de cortesía que de agradecimiento. Nada especialmente relevante había en él exceptuando su método de validación de los billetes: el troquel de picar. Nada más entrar en el coche, el caballero comenzó a picar los billetes con aquel artefacto que parecía haber sido usado durante bastantes años por su desgastado color, llamando poderosamente mi atención. Lo comenté con mi compañero de viaje, al que el detalle del “pica que pica” le hizo tanta gracia e ilusión como a mí: hacía años que ninguno de los dos veía un interventor picando billetes, ya que desde hace ya casi 10 años para aquí se estila más hacer firmas e incluso rayas transversales con bolígrafos BIC en los billetes, si es que hay billete que pintar, ya que cada vez más usuarios, sobre todo en viajes de Media y Larga Distancia, compran su billete por internet y lo descargan en formato PDF, más por páginas alternativas que por la oficial de Renfe, que ya ha protagonizado titulares de El Mundo Today por sus numerosos fallos. Casualmente el día 1 de abril se instauró tras años de negociación entre el Ministerio de Fomento y la Diputación Foral de Guipúzcoa el sistema de pago por tarjeta Mugi en el núcleo de Cercanías de San Sebastián; veremos cómo se reinventan estos interventores, si tienen algún método para comprobar si un usuario de esta tarjeta ha pagado o no… Dicho todo esto, ésta fotografía marca ya un antes y un después en mi afición, ya que ha sido la primera en ser subida antes a Instagram que aquí.

jueves, 21 de marzo de 2019

Por tierras catalanas

450-039 con un Rodalies en dirección a St. Vicenç de Calders en Cunit a las 18:10
Este último festivo, el puente de San José, he visitado tierras catalanas, más concretamente las comarcas del Garraf y el Baix Penedés. Cualquiera podría pensar que la mayoría de fotos las habré sacado en la primera, por su gran tradición ferroviaria y sus increíbles paisajes, pero no ha sido así: las estaciones que pude visitar estaban cerradas por infranqueables tornos, y todos los miradores de la célebre carretera de Garraf ocupados. En Vilanova i la Geltrú, aparte de los tornos, la inexistencia de pasos superiores y el poco favorecedor sol en el único punto decente que fui capaz de encontrar hicieron que prefiriera dedicarme a observar las circulaciones del precioso parque de 5’’ que la asociación de dicho municipio tiene instalado en el paseo marítimo, y dejé para otra vez el Museo. A pesar de los chascos, en Cunit pude disfrutar de diversas circulaciones, todas de viajeros por supuesto, pero por suerte el estado del material era bastante bueno en cuanto a limpieza, y además había un poco de material distinto al del habitual de las zonas que frecuento; los Civias y los Buques.

Uno de estos Buques, en concreto la unidad 450-039, es el protagonista de una de las fotografíass tomadas en la estación/apeadero de la ya citada población de Cunit, que cuenta con dos vías de apartado, una a cada lado, aunque su uso no parece muy habitual (según Jordi F. G. pensadas para ser usadas en rebases, aunque su conveniente uso para descongestionar la línea esté de capa caída). Sorprendentemente, esta estación cuenta con un sistema de iluminación que ya quisieran muchos polideportivos o instalaciones similares para sí: una doble hilera de fluorescentes para cada andén que iluminan toda la zona cubierta. Además, a partir de cierta hora que no sabría indicar con exactitud, se encienden y permanecen todos ellos encendidos hasta la mañana siguiente, o quizás se apaguen a partir de media noche, tampoco podría asegurarlo con certeza. Lo que sí que puedo decir es que al menos en esta temporada tal gasto me parece poco menos que innecesario, y más teniendo en cuenta que por ejemplo en Vitoria unos pocos fluorescentes se mantienen enciendidos y otros pocos encienden al paso de las circulaciones, y ni siquiera la cuarta parte de los que se dispone se enciende, diría yo. Quizás se toman demasiado al pié de la letra lo de ser la “Green Capital”, o quizás en Cunit la densidad de circulación y de viajeros en verano haga imposible tomar estas medidas. ¿Quién sabe?
Rodalies en dirección a Sant Vicenç de Calders, tomada el 17 de marzo hacia las 16:30
Aprovechando que el viernes tuve que usar el trípode para un trabajo de arqueología me lo llevé conmigo de viaje, y para ahorrar la limitada batería de la cámara la dejé estática y enfocada, llamando la atención de algunos de los viajeros que por allí pasaban. Al final de la jornada, después de desmontar el equipo y disponerme a salir del recinto para reunirme con mi familia, un chaval de unos 25 años me pidió “que le sacara una foto”. Evidentemente no iba a cambiar mis planes para hacerle un favor con el que seguramente yo no iba a ganar nada, así que le dije que no, que me estaban esperando; aquella respuesta no pareció sentarle demasiado bien al individuo. Evidentemente, si fuera alguien que conozco quizás le haría el favor, como alguna vez he hecho con algunos de mis amigos, pero sin conocerlo y además así a botepronto pues era evidente que no iba a hacerlo. Por lo demás fue una jornada satisfactoria, y a pesar del algo evidente recelo al principio del personal de taquilla que me observaba desde la puerta, no hubo ningún otro inconveniente.

Dedicada a mi padre, por San José y por hacer posibles tantas y tantas fotografías de esta galería.

miércoles, 13 de marzo de 2019

Jornada festiva

Tras descartar el jueves los planes de visitar Miranda de Ebro el viernes, volví a casa para pasar el viernes y el fin de semana en mi tierra. A pesar de la "huelga feminista", en parte pensando que su convocamiento no tendría demasiada repercusión en los medios de transporte, decidí a la tarde salir a dar una vuelta en bicicleta hasta Legorreta, unos 15km de ida y otros tantos de vuelta que a pesar de los varios meses de total desentreno no supusieron para nada un esfuerzo. 

La 447-285 a punto de partir hacia Zumarraga a cargo del Cercanías 32766 con destino Brinkola, estacionada junto al viejo y descuidado edificio de viajeros de la estación de Legorreta. 
Después de estar unos 20 minutos en la recta del túnel de la vieja papelera (la misma de la fotografía «Advertencias y peligros», donde cuento cómo de tedioso se me hizo el pasar poco más de una hora allí mientras recibía miradas asesinas y bienintencionadas pero impertinentes advertencias del peligro que allí sufría) con no muy buenos resultados fotográficos, el aviso de la supresión de la bajada del pestes que estaba esperando me hizo moverme hasta la estación y aprovechar el viaje para de paso tomar algunas fotografías de los diversos postes de Norte que aún prestan servicio allí y que el 7 de junio cumplirán 90 años en servicio regular, efemérides que espero celebrar subiendo alguna otra foto aquí y un "minirreportaje" sobre los postes con unas cuantas fotografías en mi cuenta de Instagram.

A la vuelta, por Ordizia, me quedé sin cambios en la bicicleta por la rotura del cable y me crucé con la comitiva de la manifestación feminista de dicha población, momento que aproveché también para hacer de reportero y sacar unas cuantas fotos de su paso por la zona de CAF. Poco después, llegando ya de noche a mi pueblo, la luz delantera dejó de funcionar; no era la primera vez y seguramente la causa sea el deterioro del cable que la conecta con la dinamo.

jueves, 28 de febrero de 2019

La más cara de mi galería

Ésta es, como dice el título, la fotografía más cara de mi galería, al menos en cuanto a coste monetario asumido por mí mismo, de manera totalmente fortuita, todo hay que decirlo. Como se puede ver, se trata del Lince Madrid-Vitoria, servido en aquella ocasión por la limpísima 470-101, a diferencia de las que se ven a diario por la zona y de las que en reiteradas ocasiones se ha puesto en manifiesto su falta de «higiene estética». Como bien puntualizó en su día Gustavo Rivera, casualmente el título podría sugerir una referencia a “La obra más cara”, una campaña contra el graffiti de Renfe efectuada en la feria de arte Arco 2019 días antes de su publicación, aunque a decir verdad fue una coincidencia. Desde luego que merece la pena volver más tarde a casa para poder captar este tipo de fotografías con el ambiente que al llegar la noche toma la estación, pero es seguro que de haber sabido lo que me esperaba hubiera preferido tomarla otro día. 
Tomada en Vitoria el 1 de febrero del 2019 a las 20:55.
Pues bien, inocente de mí, confié en el Intercity 04177 que casi siempre viene puntual para llegar a Zumárraga, donde normalmente me recoge mi padre. que al tener una cena no pudo acudir; por lo tanto, no me quedaba más alternativa que el Cercanías que pocos minutos después de la llegada del Intercity parte hacia Irún o Rentería, ya que el último G005 de Goierribus sale de allí a las 22:00. Pocos minutos después de tomar esta fotografía, mientras esperaba en el andén de la vía 1, se anunció la llegada con 12 minutos de retraso que luego se alargaron a 14 del dichoso Intercity, y no pude hacer más que rezar por que recuperara lo perdido en el trayecto o que se retrasara también el Cercanías. Evidentemente, en lugar de recuperar ese tiempo perdió un poco más, ya que al llegar a Zumárraga tenía al menos 16 minutos de retraso, y el Cercanías ya había partido.

Ante tal desolador panorama se apoderó de mí la desesperación, empecé a buscar números de teléfono de taxis dando vueltas por la plazoleta de la estación centrado en mi teléfono. Por un momento una mirada me distrajo del smartphone, la reconocí al instante: era Maite, una entrañable exprofesora de primero y segundo de la ESO. Tras saludarla me comentó que ella y sus amigas se encontraban en la misma situación y les venían a buscar, pero que por desgracia no tenían más sitio en el coche. Agradeciendo su consideración me despedí de ella para intentar conseguir que un taxi me llevara a casa. Llamé al teléfono que figuraba en la parada, pero nadie atendió al teléfono; llamé también a un tal Fermín, que es quien en algunas juergas trae de vuelta a mis amigos, pero tampoco contestó. Debido a mi inquietud tuve que darme una vuelta por las anochecidas calles de Zumárraga mientras buscaba más números de teléfono y llamaba a mi madre, que ya se mostraba excesivamente preocupada por mi atraso por medio de WhatsApp y llamadas de telefono.

Al fin, tras unas cuantas llamadas, di con un taxista que atendió al teléfono y que tras acabar con un servicio que estaba efectuando iría a recogerme. 15 minutos después apareció un plateado y nuevo Mercedes-Benz con el distintivo de taxi en el techo. El señor taxista me atendió muy amablemente, charlamos durante los 5 o 6 kilómetros de trayecto. Pensé en darle  18€ justos en vez de los 17,4 que marcaba el taxímetro, como propina y también por la prisa que tenía por llegar a casa de una vez, pero no hizo falta, ya que al preguntarle cuánto era me cobró los 18€ directamente, pensando seguramente que mi nula experiencia en éste medio de transporte me hacía ignorante de la existencia de la pantalla que indicaba la coste del viaje. Me resigné por la impaciencia por llegar a casa y por lo insignificante de esos 60 céntimos a pagar sin rechistar y a bajarme del vehículo, entendiendo ya el porqué de la proliferación de esas plataformas alternativas en las grandes ciudades.

Así pues, esta foto de la 470-101 estacionada en la vía 1 de Vitoria tras servir el Lince Madrid-Vitoria me costó 18€. Espero que ninguna otra foto sea tan innecesariamente cara.

martes, 5 de febrero de 2019

Querido y odiado a partes iguales

Tomada en Vitoria el 26 de noviembre del 2018 a las 8:09/Publicada el 4 de febrero del 2019.
Si el viernes vuelvo en el Intercity 04177, un tren nocturno, rápido, cómodo, asequible y (casi siempre) puntual, el lunes voy en el Regional Exprés 16000, conocido popularmente al menos hace unos años como “el Lehendakari” tal y como me recordaron J.M. Trigos e Iván Amelibia, servido casi siempre por una 447 PMR. Normalmente suele tardar una hora y siete u ocho minutos en llegar desde Ormaiztegi (donde efectúa parada a las 7 en punto) hasta Vitoria. Es evidente que la comodidad del Intercity es superior, aunque la hora y poco tampoco es que se haga tediosa en estas unidades; el precio, curiosamente, es superior: los 6,70€ que desde el 1 de enero cuesta mi recorrido son muchísimo más que los 4,70€ que en tarifa promo cuesta el viaje de Vitoria a Zumarraga, el cual normalmente dura poco más de media hora.

A pesar de ello, este tren tiene también sus ventajas: permite a los estudiantes (entre los que me incluyo) viajar a Vitoria el lunes o cualquier día de la semana por la mañana, antes del inicio de las clases, en lugar de viajar el domingo por la noche. Además, más que un Regional Exprés es casi un Cercanías alargado, por lo que para en poblaciones guipuzcoanas en las que los Media Distancia no paran, haciendo que los viajeros no tengan que desplazarse a estaciones de mayor entidad.

Como ya he dicho, normalmente no falla en su puntualidad, aunque al ser uno de los primeros trenes del día los posibles percances meteorológicos ocurridos durante la noche pueden hacerle más mella en ésta que a otros. Hoy, por ejemplo, los efectos de las bajas temperaturas han creado problemas en la circulación de los trenes. Al llegar al apeadero a esperarlo, he apreciado que el Cercanías que a las 6:55 pasa hacia Brinkola estaba parado y banalizado en la vía 1 (la de Irún) a la altura del puente. En un principio pensaba que era alguno de los primeros Cercanías hacia Irún o Lezo que había tenido algún percance, pero acercándome allí me he dado cuenta de que en el puente había una segunda unidad en la vía de Madrid, la 447-283, con todas las luces apagadas y completamente parada. Tras unos cinco minutos la otra 447 ha reiniciado su marcha y yo, mosqueado, he vuelto hacia el apeadero, pensando que quizás el dichoso 16000 habría quedado suspendido o vendría con muchísimo retraso, ya que el siguiente tren anunciado (tras muchos cambios en la cartelería y la megafonía) en la vía 1 (la de Irún) supuestamente tenía como destino Zumarraga. A los 10 minutos ha pasado un 120 lentamente con paneles de "Madrid Atocha", y tras él el 16000, que me ha dado un increíble alivio, algo más de 30 minutos más tarde de lo habitual.

Nada más montarme ya he podido oír las quejas de los viajeros, a los que les fastidiaba más haber madrugado en balde que llegar tarde. "Es que la RENFE siempre igual", "estos trenes no están preparados para el invierno", "¡las siete menos cuarto y aún sin llegar a Zumarraga! ¡increíble!". Y aún les faltaba por aguantar: después de volver a su vía habitual en el apartadero de Gabiria, antes de entrar en Zumarraga el tren ha parado a la salida del túnel, cosa que horripilaba a más de una viajera. Menos de cinco minutos después, con la recepción de los viajeros de dicha estación, se volvían a oír las mismas quejas, ampliadas por algunos veteranos viajeros que parecían combatientes de la División Azul hablando de la nieve y el frío que pasaron hace un montón de años, esperando a este mismo tren.

A partir de Zumarraga la nieve se hacía más presente, y la helada catenaria producía luminosas chispas blancas y tirones que empezaban a aterrar otra vez a las viajeras que poco más y se desmayaban allí mismo. En Bríncola se presenciaba una escena aún peor: el tren, con las chispas y ya pocos tirones, llegaba a aquella desierta estación cubierta por la nieve. El factor estaba esperando también a su llegada, seguramente para darle alguna instrucción. Al salir, más chispas y tirones, un ritmo muy lento, quejas, teorías sobre la naturaleza de las incidencias, un cruce con un portacoches varado en la nieve cual ballena en una playa... llegan los túneles, entre los cuales se dejaba ver la preciosa y blanca sierra de Aizkorri iluminada por las luces del amanecer que han generado gran expectación entre todos los viajeros que iban despiertos, y la unidad acelera y asciende poco a poco hasta Alsasua, donde la situación ya estaba bajo control al parecer. Tras eso, en la neblinosa y algo nevada llanada, intentando recuperar un poco del tiempo perdido, ha acelerado el ritmo aunque moderadamente debido a las condiciones climatológicas, las frenadas eran más bruscas en las estaciones y las paradas eran ligeramente más cortas de lo habitual.

Al fin, a las 8:54, con casi una hora de retraso, ha llegado a Vitoria el 16000. Ha faltado poco para que los viajeros, a pesar de su evidente enfado, comenzasen a aplaudir, o al menos eso quiero pensar.


domingo, 18 de noviembre de 2018

El ocaso

Surexpress remolcado por la 252-035 en Vitoria el 14 de septiembre del 2018 a las 20:48.
Con las últimas luces del día llega el Surexpress a la estación de Vitoria. A estas horas los últimos viajeros del día esperan a su tren, los abuelos llevan a sus nietos a esperar a su padre que viene del trabajo, mientras les hablan del Ferrocarril Vasco-Navarro, de la estación en Los Herrán, del ramal a Estella, de los soldados que hacían “la mili” y colapsaban la estación del Norte. Señores mayores se reúnen para observar las maniobras de los convoyes fuera de servicio mientras comentan la de empleados que cualquier estación pequeña en medio de la nada podía llegar a tener, o el chiste del billete para Dos Hermanas (que según uno de ellos ocurrió en Miranda). Una avispada niña, que desea ser como su amigo Pablo que sabe inglés y no tiene problemas para hacer los ejercicios de la escuela, discute con su abuela sobre la funcionalidad de las ventanas del vestíbulo de la estación, mientras ella y su abuelo halagan la belleza del edificio, construido en 1934.

Es increíble el poder de atracción de la vía. Me di cuenta una tarde mientras estaba pasando el rato en esta misma estación, cuando ante el anuncio del paso de un tren sin parada casi todos los presentes en aquel andén se acercaron a ver pasar el tren, contradiciendo a la megafonía que aconseja no acercarse a la vía: el factor, el vigilante, dos señores trajeados, yo mismo...

«¡Hala, todos a la vía!» le dijo amistosamente el factor al vigilante, que mostró cierto interés en saber cuál era el tren que venía, y después el motivo del retraso del siguiente. «Habrá tenido algún problema al salir de Madrid» le respondió. Poco después comenzaron a divisarse en la lejanía los faros de las 333 que remolcan el bobinero que todas las tardes cruza la ciudad dirigiéndose a Irún, y luego vuelve de madrugada.

Los empleados se afanan en terminar la jornada, el vigilante de seguridad y la azafata de Atención al Cliente charlan amistosamente esperando a los últimos trenes. En ese mismo momento, en el tren, parejas jóvenes yacen en la cama abrazados, hombres de negocios sentados en los mullidos asientos, mujeres tomando café en el coche cafetería, todos esperan a que el tren retome su marcha a Lisboa Santa Apolonia.

Mientras también ocurre el ocaso de este jovial ambiente, el abuelo le comenta con un tono no demasiado alegre a su curioso nieto los planes de futuro de Adif de soterrar todo el recorrido por la ciudad, y convertir la estación en poco más que un centro comercial.

440-207 estacionada en Vitoria tras servir el Lince Madrid-Vitoria el 21 de septiembre a las 20:55

viernes, 20 de julio de 2018

Ambiente ferroviario

Ayer tuve que ir a Vitoria a la mañana. Llegué a las 6:30 con mi padre para poder estar a las 8:00 entregando la matrícula de la universidad. Tras llevar a cabo las gestiones dí una vuelta por la ciudad, pudiendo sacar algunas fotos, como esta sacada hacia las 12:00 a los tranvías que la recorren.


Aunque no tuviera demasiadas esperanzas de ver gran cosa, el día resultó ser bastante curioso: volvió una dresina a media mañana que salió horas antes de allí, y además, al volver de dar una vuelta y almorzar, estaba apartado allí el Tranvía Bahía de Cádiz, al que saqué varias fotos, por ejemplo ésta junto a un 120 sirviendo un Alvia a Madrid-Chamartín hacia las 10:33.



En fin, saqué varias fotos interesantes en la estación "patatera" y después pensé que estando allí debería aprovechar y acercarme a pasar la tarde a Miranda de Ebro. Después de intentar pagar con un billete en la máquina expendedora (cosa que resultó imposible) y darme otra vuelta por la ciudad buscando un cajero de Kutxabank para poder ingresar el dinero en la tarjeta, adquirí un billete para el Regional Express 16204, que tenía programada su salida a las 14:30 y la llegada a las 14:57. Llegó a la estación la grafitteada 440-203, y al montar en ella no me percaté de la invertivilidad de los asientos, un detalle que no conocía y del que hice uso inmediato tras ver a un señor usarla.
253-030 parada junto a la 470-110 que serviría el RE a Miraflores a las 15:00.

Casi media hora después de un placentero viaje solamente mancillado hacia el final por las estridentes risas de una viajera, que hablaba por teléfono con una amiga a la que comparaba con el pillo Lazarillo de Tormes por las andanzas que ella le contaba, llegué a la mítica estación de Miranda de Ebro. Nada más salir del Regional noté el ligero olor a creosota que emanaba de las traviesas de madera calentadas por el sol que aún dan su servicio en la inmensa playa de vías, como siempre llena de mercancías a la espera de partir o reanudar su marcha. Los ferroviarios, tanto los de camisa azulada y pantalones de pinza como los de chaleco reflectante también campaban a sus anchas, como debe ser, y hacían que aquel caos de vías y cable tuviera orden.

252-029 junto al Alvia a Madrid a las 16:15.
311-108 maniobrando con un corte siderúrgico hacia las 17:00.
Mientras sacaba fotos al material que vagaba por allí (una 319 de Tecsa de la que no he encontrado la foto, todas las que véis por aquí...) vino un auscultador de vía. Pensé que se acercaría algo más a la estación, pero nada más acercarme comenzó la vuelta al depósito, por lo que la fotografía que tomé tuvo que ser recortada.
Auscultador Ultrasónico de vía hacia las 15:30.
Poco después, me percaté de la presencia de un señor con una cámara en el andén, con el cual inicié una conversación usando mi efectivo aunque quizás rudimentario inglés. “There’s not so much going on here”/“no hay mucho movimiento por aquí” me dijo, yo no le contrarié a pesar de que no estaba muy de acuerdo con él, aunque quizás él estuviera acostumbrado a un tráfico más intenso. Tantos trenes, tantas llegadas y salidas, tantas maniobras... abruman a cualquiera que no esté acostumbrado al trote hasta en una tarde tranquila en Miranda, que nunca defrauda. Este señor resultó ser un amable holandés que durante sus viajes de negocios saca algún que otro rato para acercarse a la estación más cercana y sacar algunas fotos que guarda para sí mismo. También después me encontré con un señor armado con un trípode y un chaleco reflectante, pero no tuve oportunidad de charlar con él.
Tras disfrutar de una tarde muy ferroviaria tomé el Media Distancia 18063, el Madrid Chamartín-Irún, en el que la experiencia de viaje fue algo menos cómoda que en el humilde Regional Express, tanto por los grillos de las piezas como por el traqueteo que producía una molesta maleta que descansaba en el compartimento de equipaje. Salí de Miranda a las 17:41 y llegué a Zumárraga a las 18:52, de donde inmediatamente salí para tomar un autobús de la linea GO05 que me llevase directamente a mi pueblo.

martes, 10 de julio de 2018

¡Viva el vino!

Regional Exprés a Miranda de Ebro con la 470-173 en Etxarri-Aranatz a las 17:12.


El pasado viernes pasé la tarde con Giputrains en Navarra, por Etxarri-Aranatz y Alsasua. Tuvimos bastante suerte en cuanto a circulaciones, ya que aparte de las circulaciones normales (como el Regional Exprés Zaragoza Miraflores-Miranda de Ebro servido por la 470-173 con rótulos del Tren del Vino que ilustra estas líneas) pasó un TECO Jundiz-Zaragoza de Low Cost Rail, un convoy puro de Maerks de unos 550 metros de largo remolcado por la 333-333. Por desgracia tuvimos mala suerte en cuanto a la luz, ya que a pesar de que todos nos vinieron de cara al sol, pero éste comenzaba a sombrear el lado del que estábamos, y para más inri la megafonía no avisó del LCR y a mi compañero no le dio tiempo a sacarle una foto.

333.333 con el LCR en dirección a Jundiz a las 18:20.
Alvia en dirección a Miranda hacia las 17:30.
Ya cuando fuimos a Alsasua pasaron un portaautos a Lezo remolcado por la 253-068, un Abroñigal formado por bobinas y plataformas vacías de tubos y arrastrado por la 251-011, y el Trasona formado por un corte carrilero y remolcado por un doblete de primas. El Arco vino con 20 minutos de retraso con lo cual descartamos quedarnos a sacarle una foto. Esperemos que haya más ocasiones como esta.
251-011 con el Irun-Abroñigal en Alsasua hacia las 18:35h.
Doble tracción de 333 con el Trasona a las 18:45.
253-068 con un portacoches a Lezo hacia las 19:20.

miércoles, 9 de mayo de 2018

Advertencias y peligros

447-144 en dirección a Brinkola a cargo del Cercanías 32766 a las 18:34.
El domingo a la tarde estuve en este enclave cercano a la antigua papelera de Legorreta sacando unas cuantas fotografías. Ya tenía en mente desde hace tiempo visitar aquel lugar pues el túnel, el puente y los postes de Norte formaban en conjunto un encuadre ideal para cazar algún tren de los de antes, alguna japonesa remolcando un colorido TECO, bobinas descubiertas, cisternas, un estrella... o en consonancia con la época de los postes alguna imponente cocodrilo remolcando vagones cerrados, o un reluciente expreso a la vieja usanza...

La única circulación interesante durante el tiempo que estuve allí, el Trasona en dirección Irún con doble 333 y carriles, me pasó a contraluz, así que tuve que conformarme con sacar unas cuantas fotos a los cercanías que, como el de la imagen, pasaban en dirección a Brinkola, y para más inri, por lo expuesto del lugar, que queda entre la antigua N-I y la vía, fui testigo de las miradas de ciclistas obnubilados por mi presencia en aquel páramo, de los chismorreos de viejas impertinentes e incluso de la advertencia de una amable señorita al volante de un Ford blanco que paró y me indicó cuán peligroso era permanecer en aquel lugar mientras me miraba preocupada como si me tratara de un suicida. Sí, puede que esté loco por pasarme más de una hora al lado de la vía esperando que pase un tren para captar su paso con mi cámara, pero creo que tanto yo como la mayoría de personas que forman parte de esta afición somos conscientes de los posibles peligros que entrañan los caminos de hierro y por ello prestamos atención y tomamos medidas de seguridad. Aún así, dada la ignorancia de algunas personas sobre la existencia de esta afición y sus vicisitudes, en estos caso lo correcto es responder amablemente un «sí, lo sé, estoy sacando fotos».