sábado, 3 de agosto de 2019

A la carrera

Este mediodía, totalmente por sorpresa, ha tenido lugar mi primera persecución en bicicleta a un tren; sin embargo, aunque de primeras la cosa suene a fantasmada, es completamente real, aunque evidentemente hay trampa en esta curiosa persecución que ahora os voy a contar.
Poco antes de comer, mientras veía la tele y editaba algunas fotos, he oído varias pitadas por lo que he salido al balcón a ver cuál era la circulación que tanto escándalo creaba con sus bocinas. Para mi sorpresa, resultaba ser una 253 limpia, la 080 para ser más exactos, que mientras echaba chispas en su pantógrafo se deslizaba cuesta abajo por el puente, remolcada por el peso del TECO que debería remolcar a Abroñigal. Como antecedente hay que comentar que el martes por la noche oí el Trasona haciendo mucho ruido como si estuviera parado, y resultó que el miércoles estaba apartado en Beasain, cuando a su rescate acudió una 251 limpia. Por desgracia no pude captar esta curiosa circulación, aunque algunos compañeros tuvieron la fortuna de poder hacerlo, cosa de la que me alegro.
Nada más verlo me he vestido un chandal y zapatillas y me he dispuesto a subir a la estación para verlo pasar. Por desgracia, al llegar al portal me he dado cuenta de que se me había olvidado volver a insertar la tarjeta SD en mi cámara, por lo que tras subir a todo correr los tres pisos de escaleras para volver a bajar y subir después la cuesta de la estación. Para más inri, al llegar a la estación he podido observar que el TECO ya estaba pasando por el terraplén que salva el pequeño valle en el que se encuentra el caserío Andi, donde nació Tomás Zumalakarregi.

He vuelto a bajar al pueblo y he ido a por la bicicleta de mi hermano, una mountain bike con ruedas anchas y frenos de disco que prefiero no utilizar por su peso superior al de las bicicletas de corredor que estoy acostumbrado a usar. A toda marcha he salido del pueblo usando el carril bici, y he alcanzado la “cola” del tren cuando se ha detenido momentáneamente en Salbatore, junto al antiguo circuito de tráfico, hoy día una explanada de asfalto enterrada casi completamente en hierba. Nada más alcanzar a verlo, la 253 ha vuelto a dejarse deslizar, por lo que sin bajarme de la bici he seguido hasta la boca del túnel de Salbatore, aunque allí la cámara, por tenerla mal configurada, así que he tenido que seguirla a todo correr para poder captar su paso en el puente de Antzizar. Al llegar y bajarme de la bici, me ha comenzado a dar un ligero mareo, tal vez por la rapidez con la que me he incorporado, por la sed que no podía saciar por la falta de una botella de agua y por el esfuerzo de bajar a gran velocidad hasta Beasain con tantas subidas y bajadas de cuestas para alcanzar la vía, agravado probablemente también por mi asma y el Farias que fumé ayer de madrugada mientras veía “El Espantatiburones” junto a mi cuadrilla.


Al poco de llegar han asomado por el túnel a poca velocidad los primeros contenedores, por lo que he preparado la cámara y el encuadre y he esperado atento a que llegase la locomotora, mientras se me pasaba el momentáneo y ligero desvanecimiento. Al sacar la foto ya he descansado, tanto física como psicológicamente, y me he acercado a la estación de Beasain a beber agua en la fuente del parque más próximo y a observar dónde era apartado el mercante. Tras beber lo equivalente a dos o tres botellines de agua y sentarme en un banco, he podido ver cómo la 253-087 llegaba al rescate, sucia como ella sola, y paraba en paralelo a su fatigada compañera en la playa de vías de Beasain, que seguramente ha sufrido una falta de tracción.

Al final, tras esta curiosa carrera, he podido volver a casa hacia las tres y disfrutar de la comida, que aunque a deshoras, ha entrado bien. Por desgracia no todo es tan positivo, ya que al parecer durante alguna de mis paradas he perdido (o me han sustraído) el cuentakilómetros de la bicicleta de mi hermano, por lo que a la tarde he tenido que volver a hacer el camino hecho a la mañana para efectuar su búsqueda sin ningún resultado. Al menos, durante su infructuosa búsqueda he encontrado un abono de Cercanías de 1991, amarillo y larguirucho, para trayectos entre Andoain Apd. y San Sebastián, tirado en pleno bidegorri. Una curiosa manera de estrenar el agosto que ayer comenzó.


jueves, 18 de julio de 2019

Lo viejo y lo nuevo


Ayer, antes de tomar esta fotografía y mientras me colocaba en el encuadre, pensé en el título de la misma: “Lo viejo y lo nuevo”. Sabía que era el mejor título que se me podía haber ocurrido, pero no recordaba qué tipo de obra llevaba ese mismo título. Por suerte, mientras preparaba esta descripción, recordé de dónde había sacado mi cerebro este título; se trata de la película homónima (aunque su nombre original fuera “La línea general”) de Serguéi Eisenstein, filmada en la Unión Soviética en 1929, muda y de 121 minutos de duración. En ella, como película propagandística que era, se pretendía mostrar los supuestos beneficios de la colectivización voluntaria de la agricultura mostrando el caso de una granjera pobre que iniciaba una cooperativa con la que un poblado de campesinos pasó de morirse de hambre a tener un tractor y casi nadar en la abundancia. A pesar de poner todo su empeño en ella y aplicar técnicas originales e innovadoras, Eisenstein, más conocido por su película estrella “Acorazado Potemkin”, tuvo que dejarla de lado para escribir el guión de otra película, encargada desde altas instancias y por tanto de mayor preferencia, que conmemoraría el décimo aniversario de la revolución de octubre. Además, con la muerte de Lenin y la llegada de Stalin, la política agraria cambió haciendo las colectivizaciones forzosas, así que a pesar de los cambios de última hora la película quedó coja de ideología y en consecuencia se estrenó sin pena ni gloria. La conocí gracias a las clases de Historia de la Economía Mundial de Iban Zaldua, que fue quien nos la puso y después la comentó, haciendo de esta vieja película soviética un excelente material didáctico. 

En este caso, lo viejo, el viaducto metálico de Alexander Lavalley, inaugurado en 1865 y clausurado en 1995, yace cada vez más deteriorado junto a lo nuevo, el viaducto de hormigón por el que el tráfico salva ahora el valle que el río Estanda y la erosión escarbaron en el terreno durante largo tiempo. La vegetación dificulta cada vez más el acceso al puente, aunque aún sigue siendo posible abrirse paso para llegar a la barandilla que hace de obstáculo último para entrar en el tablero por el que hasta hace poco más de dos décadas los trenes pasaban, por increíble que parezca. Una vez dentro de él, el aspecto más o menos saludable que presenta visto desde abajo empeora: las chapas que cubrían las traviesas cada vez se encuentran en peor estado, así como las que conforman la pasarela, a las que cualquiera con un mínimo de instinto de supervivencia ni siquiera se acercaría, ya que están muy debilitadas debido a la corrosión. Desde mi última visita, parece que alguien ha estado rebuscando cobre dentro de la cañería que cruza el puente en la pasarela derecha desde el lado Irún y que protegía algún tipo de cableado posiblemente telefónico o algo similar, dejando los tubos a su libre alvedrío en gran parte del puente. 

Siendo sincero, gestionar este tipo de patrimonio histórico es bastante complicado, y las autoridades pertinentes poco más pueden hacer que ponerlo en valor y hacer en la medida de lo posible un mínimo mantenimiento para que se mantenga en pie. Pocos se preocupan por el estado del viejo puente, y quien lo hace poco puede hacer. Por ello, es importante intentar que nadie lo vandalice, ya que bastante sufren estas estructuras por su naturaleza, como para que encima se dañen sin más motivo que el desahogamiento de la rabia de jóvenes casquivanos o el desvalijamiento y robo por parte de maleantes. Fui testigo una vez de la presencia de unos chatarreros merodeándolo, en busca de cualquier cosa que se pudieran llevar. Llamé a la Ertzaintza, ya que hace unos cuantos años, mientras sacaba fotos por la zona se apresuraron a personarse en el apeadero para interrogarme; en cambio esta vez ni se acercaron. Por suerte no hallaron nada que mereciera la pena encontrar.


Una 289.1 remolca la 253 y el bobinero Miranda-Irun. Tomada el 15-X-2015 hacia las 16:00.
De todas formas, es evidente que, aparte de su valor histórico, el cariño que parte del pueblo le tenía a este armatoste de hierro remachado, piedra sillar y hormigón armado hizo que se salvase, ya que gracias a ellos se conservó: un referendum organizado por el Ayuntamiento en 1991, antes de iniciarse la construcción del nuevo, zanjó la discusión del asunto con 376 votos a favor, 214 en contra y 46 votos en blanco. Hoy día, supongo que aunque poner en tela de juicio el valor del viaducto por medio de un referendum sería una burrada, pero también imagino que la puesta en valor del puente y del patrimonio industrial e histórico en general haría que el ratio de votos positivos fuera mayor, aunque quién sabe, quizás la decisión sobre su destino se hubiera tomado en algún despacho sin tener mucho en cuenta la opinión de los expertos o incluso del pueblo.

Mientras lo viejo sigue languideciendo, cada vez menos vecinos lo recuerdan en sus tiempos de esplendor, cuando convivían con el estruendo que hacían los trenes al pasar, cuando algún viernes a la noche algún joven impresentable se dedicaba a tirar desde las ventanillas de las veteranas 439 fluorescentes que soltaban de sus techos, cuando los niños se aventuraban a jugar en medio del mismo y coincidía con un cruce por lo cual corrían tenían que correr hasta el balconcillo más cercano como alma que lleva el diablo para no ser atropellados... en cambio lo nuevo sigue como nuevo: las barandillas del puente nuevo han recibido una mano de pintura hace unos meses, y debido a la lluvia de piedras que provocó uno de los vagones de un convoy balastero hace poco más de un año destrozando varias lunas y carrocerías de coches aparcados en las cercanías, estas relucientes barandillas se complementan con una malla de alambre que evitará cualquier suceso similar en un futuro. Y por lo nuevo pasaba este pestes en dirección a Irun, remolcado por la 253-042. Por suerte las nubes, que pocos minutos antes me querían jugar una mala pasada haciendo que la luz de sol hiciera peligrar mi foto, ayudaron a que el lateral no saliese sombrío. No es que el resultado me guste demasiado, con el testero de la locomotora trepidado, una luz un poco rara y un ligero desenfoque, pero al menos consigue representar lo que yo quería.



Dos puentes, dos japonesas, dos épocas, dos esquemas de color, dos servicios... la primera arrastra un Estrella a mediados de los ochenta. La segunda, la 289-104, arrastra un bobinero hacia Miranda una tarde de agosto de 2016.

martes, 2 de julio de 2019

Un caluroso «hasta luego»


El pasado jueves, una soleada y calurosa jornada en la cual las máximas superaron los 35º, tuve que volver a Vitoria tras casi un mes del inicio de mis vacaciones. Aproveché la ocasión de pasar un rato en la estación nada más llegar en el Regional Exprés 16000, ya que no tenía otra cosa que hacer hasta el mediodía. Ya durante el viaje y al bajar de éste se notaba la reducción de viajeros, especialmente de jóvenes, aunque en Alsasua, Araia, Salvatierra y Alegría el caudal de gente seguía siendo el mismo. Tras la vuelta de la 447 a tierras guipuzcoanas me dí un garbeo por los andenes y fotografié la extraña dresina de “Materiales férricos” que, según los autóctonos, llevaba dos semanas descansando en la vía de mantenimiento. Al fin, tras esperar poco menos de una hora, pude tomar una foto que, que yo recuerde, no tomé durante los nueve meses que llevaba habitando en la ciudad. Era la de este Surexpreso remolcado por la 252-034 estacionado antes de retomar su marcha a Hendaya.

Todo seguía igual tanto en la estación como en la ciudad, aunque con menos gente. Supongo que también las altas temperaturas desanimaron a muchos a salir a la calle, incrementando el vacío de las calles. Me paré en una esquina de la calle Dato con General Álava para observar el paso de los tranvías y autobuses cuando al rato una señora cercana a la cincuentena, con una voz gastada y desesperada me pidió un cigarro. -“Lo siento señora, no tengo tabaco”.- Siguió calle abajo mendigando aquel cigarro que tanto ansiaba a los pocos con los que se cruzaba, mientras yo tomaba unas pocas fotografías al ya mencionado material rodante. Di una vuelta por aquellas calles por las que hace un tiempo que no paseaba pero el calor empezaba a apretar verdaderamente, por lo que tomé el camino a casa al poco rato, para aprovechar el tiempo en otros menesteres.

A la tarde, me animé a ir a la estación para sacar unas cuantas fotos más, aunque el poco tráfico que hubo no hizo desmerecer la buena compañía de Luis, a quien mando un saludo. Ya ni los regionales navarros ni los guipuzcoanos igualaban como antes el gentío que generan los Alvias de Barcelona y Gijón. Por suerte, el Arco Camino de Santiago trajo tres coches y nos compensó un poco la espera, ya que vino con cierto retraso. De noche tampoco los bares de la calle de la Cuchillería tenían tantos clientes como hace semanas y era otra clientela la que alternaba ya; como por ejemplo, varios profesores jóvenes (y ya no tan jóvenes) que contaban a las 2 de la mañana del viernes que debían acudir a una hora temprana a un claustro.

El viernes a la tarde, montando en el Intercity 04177, me despedí al fin de la ciudad de Vitoria hasta principios de septiembre. La echaré sin duda en falta, pero no esta aborregada y medio vacía de verano, sino la alborotada y viva, la llena de gente.  

viernes, 31 de mayo de 2019

Operación Jundiz

Ayer al mediodía recibí el aviso de la visita de una Medway a Jundiz. En un principio no estaba para nada motivado a salir a su caza, ya que tenía que estudiar para el exámen de Introducción a la Edad Media y me convenía quedarme en casa estudiando. Además, desde que llegué a Vitoria he salido bastante poco de la estación, y no me apetecía irme hasta Jundiz. Poco a poco, la idea de cazar esta preciosidad fue absorbiendo mi cerebro hasta convencerme de desempolvar el casco y coger la bici para recorrer los 8 o 9 kilómetros que distan de mi piso a Jundiz. Me costó bastante llegar ya que las condiciones de la bici, que fue comprada de segunda mano a mediados de curso por unos 20€, distaban de ser las más idóneas para recorrer semejante distancia: el incómodo sillín, la cubierta delantera desgastada, el freno trasero roto, la cadena saltando en el piñón, los cambios que no funcionaban… poca velocidad podía alcanzar con aquel trasto, por lo que a nada que llegaba una pendiente, a parte de reducirse la velocidad a la que iba la cadena saltaba más y más; además no conocía el camino, por lo que creo que perdí bastante tiempo zigzagueando por las calles del barrio de Zabalgana hasta encontrarme con la factoría de Mercedes y las vías del tren, pero aún me quedaba rato hasta llegar al barrio de Crispijana, donde contactaría con Iván para decidir dónde ibamos a darle caza. Al llegar, por suerte, me encontré con una fuente en la que “reposté”, ya que se me olvidó llevarme una botella de agua en la mochila, algo común en mí.

Tras hablar con Iván y decidir que el lugar más idóneo para fotografiarla sería el paso a nivel de Margarita tomé rumbo hacia allí, pasando junto al puerto seco de Jundiz pudiendo observar a la 333-390 de Renfe que acababa de soltar un corte siderúrgico y a la 333-382 de Acciona que estaba maniobrando con un TECO mientras degustaba la hedionda peste a orina que emanaba de las instalaciones de depuración de agua que están justo al lado. Poco antes de llegar al paso superior de la N-I, donde se podía apreciar el pesado tráfico de camiones ralentizado a causa de un accidente, el camino asfaltado llegaba a su fin y la grava y las piedras sueltas hacían peligrar la poca integridad que les quedaba a las cubiertas de mi bici, sin embargo aguantaron bien el trote. Pocos minutos después llegué al paso a nivel, donde nada más llegar yo llegó Iván. Allí pudimos ver la salida de la 333-390 aislada hacia Miranda y al cuarto de hora más o menos la de la 333-382 de Acciona con un precioso TECO de Transitia en dirección a Casetas. 


Media hora después aproximadamente dimos caza a Adriana Medway (dicho así parece el nombre de una actriz americana) con otro precioso TECO procedente de Vicálvaro con destino Jundiz. Nada más pasar lo perseguimos hasta el paso elevado de la N-I, donde poco antes de llegar, ante la falta de impulso de la bici por culpa de los saltos de cadena sufrí una caída sin sufrir casi ningún rasguño. Allí pudimos disfrutar de las maniobras y tuvimos oportunidad de sacar bastantes fotos, entre ellas ésta que podéis ver, limpiada digitalmente ya que en ella se apreciaban bastante algunas firmas de los pintores rupestres de siempre. Para entonces, por suerte o por desgracia, el atasco de camiones que había al pasar por primera vez más o menos se había aliviado y no se puede apreciar en la foto, cosa que me hubiera gustado.



De vuelta a la ciudad, mientras manteníamos una interesante conversación y avanzabamos cada vez más despacio por la incapacidad de mi bici de remontar las constantes pero ligeras subidas y bajadas típicas de las colinas de la llanada alavesa, llegamos al puente situado junto a las oficinas de Mercedes, cerca del antiguo apeadero de la Azucarera. Allí fotografiamos el Arco remolcado por la 252-042 del Alvia Picasso. Con esto dimos por terminada una exitosa tarde. Un saludo a los majísimos maquinistas que nos saludaron y pitaron durante la jornada, a Borja que nos proporcionó información, a Iván por su como siempre agradable compañía y a Iker, que por desgracia no llegó a tiempo para verla.


miércoles, 8 de mayo de 2019

Otra vez por Vitoria

Por fin, tras varias semanas sin visitarla como se merecía, he podido disfrutar de la ciudad y sobre todo de la estación de Vitoria, que ya echaba de menos. El ambiente de sus calles, los paseos por la arboleda de la universidad, el olor a perfume de la calle Dato, su clima, su gente, la juerga de los jueves, el asistir a clases interesantes, la libertad de hacer lo que me da la gana...

Esta mañana he tenido conocimiento de la circulación de este herbicida de Castejón a Miranda. En un principio, por la hora a la que se le esperaba en Vitoria, pensaba que no lo iba a ver, ya que a las 13:00 comenzaba la clase de Geografía a la que tenía que asistir. De todas maneras, por si por un casual se adelantaba y también para ver el auscultador de túneles que vi al llegar en el 16000 el martes y que ha estado por mis tierras estos días por lo que he podido saber, me he acercado a la estación. Nada más llegar y comprobar el viento y la buena luz que había a causa de las cerradas nubes, se ha anunciado un tren sin parada por vía 8, cosa que me ha llamado poderosamente la atención y me he puesto con el trípode y la cámara enfocada preparado para sacar la foto.

Tras sacar la foto del auscultador, que efectivamente se ha estacionado en la vía 8, me he fijado que una vigilante de seguridad venía hacia mí con bastante prisa. Era una mujer alta de unos 30 años y pelo castaño oscuro, y me ha preguntado si estaba sacando fotos o grabando vídeos, ya que lo segundo estaba prohibido sin previa autorización del Jefe de Estación. Yo, sorprendido, le he contestado que estaba sacando fotografías pero que desconocía que estuviera prohibido el rodaje de vídeos, y le he mostrado el ya roído papel de Adif que anunciaba la supresión del permiso de fotografía. Ella, siempre educadamente, me ha dicho que eso solo dejaba libre la fotografía, que ella debía velar por la seguridad de las instalaciones de Adif y que además el último fin de semana de Semana Santa llegó una circular obligando a los vigilantes a intensificar su vigilancia, ya que se preveía gran presencia de medios en las estaciones. Yo seguía convencido de que la grabación de imágenes no estaba prohibida pero a la vez mostraba mi comprensión hacia la vigilante, que simplemente hacía su trabajo. Justo en ese momento llegaba el compañero Iván, que venía a ver el herbicida, y le ha explicado que él también iba a sacar fotografías. Tras esto, la señorita nos ha dejado seguir sacando fotos al bicho raro que yacía en la playa de vías del que han salido varios ferroviarios, uno de los cuales nos ha preguntado “si habían salido guapos”.


Poco después, hacia las 13:30, después de decidir no acudir a la citada clase de Geografía, ha pasado hacia Miranda este precioso e impoluto herbicida arrastrado por la 310-059 que he podido sacar junto a la aguada y el auscultador, que por desgracia iba bastante sucio y del que por suerte solo se ve el frontal limpio. Tras tomar la foto se nos ha acercado la vigilante de antes a comentarnos que no iba rociando producto debido a que el generador que hacía funcionar la bomba se ha quedado sin combustible, por lo que deberá volver a pasar estos días.


Durante el rato que estuve con Iván charlamos sobre la suciedad del material rodante, problema que Renfe no parece querer atajar, y al comentarle el revuelo que causó la reciente publicación de una polémica fotografía de una 335 de Ferrovial graffiteada con el cerealero de Canfranc en la portada del nº 207 de la revista Hobbytren, me ha dicho que él era el autor de la foto. En Facebook había bastantes comentarios sobre la foto, la mayoría negativos por dar publicidad a semejante “obra de arte”, pero también había quien defendía a la revista por mostrar una realidad del mundo del ferrocarril, cosa que también es cierta. Parece ser que mandó varias fotografías que él consideraba buenas y entre ellas mandó la mencionada a modo de relleno; pues para su sorpresa fué la elegida para ilustrar dicha portada. Al menos su primera portada ha dado qué hablar y será recordada por más gente que otras portadas, eso seguro.

Ya hacia las 13:45, pasó este carrilero con un corte de bobinas hacia Irun. Un saludo a Iván, al que agradezco el aviso, su agradable compañía y conversación.

martes, 30 de abril de 2019

Jornadas de reflexión

El sábado, durante la jornada de reflexión, tuve conocimiento de este curioso traslado de plataformas de Continental Rail. Para fotografiarlo elegí el encuadre del puente que tantas alegrías me ha dado siempre en días nublados. Hacia las 18:05, tras un buen rato esperándolo, pude oír el rugido de la 333.381 proveniente de Irún arrastrando este tepla.

Esta Semana Santa, por la avería en el vehículo que iba a llevarme de vacaciones junto con mi familia, he tenido que quedarme en casa. Creo que de realizarse el viaje hubiera sacado pocas fotos ferroviarias, ya que la parte costera de las Landas es un erial en cuanto a ferrocarriles; sin embargo, he aprovechado este contratiempo para volver a algunos sitios que casi tenía olvidados, aunque los resultados la myoría de veces no han sido demasiado satisfactorios.

Sin embargo, he podido apreciar cómo poco a poco las cosas cambian, aunque otras se mantengan igual: en la estación de Hernani pórticos fijos sustituyen a los sustentadores que anteriormente, como en la mayoría de apeaderos, prestaban su servicio perfectamente. En Zumarraga, los remozados andenes y los modernísimos ascensores (más lentos que los de Vitoria) hacen las delicias de los viajeros más exigentes y también de los necesitados de tal infraestructura, como en Beasain, donde además la sensación de estrechez del andén de la vía 2 ha aumentado por la colocación del borde rojo con línea amarilla y el edificio de viajeros de estilo neovasco construido en 1980 ha quedado semienterrado por el considerable aumento de la altura del andén. Sin embargo, la comercial de la taquilla sigue siendo la misma que cuando yo era un niño, imagino que ahora observando cómo cada vez su trabajo se relega cada vez más a la atención del buen funcionamiento de los tornos en pos de la automatización del servicio y menos a la expedición de billetes. El susodicho edificio sigue aguantando tan recio, sólido y elegante como siempre el clima de la zona.

En Brinkola, los cada vez más gastados andenes, cuyos bordillos de piedra caliza oscura y agradinada van desintegrándose poco a poco y remendándose en algunos tramos con remociones de hormigón tras aguantar quién sabe cuántas décadas, siguen dando su humilde servicio a los poquísimos viajeros que pisan la estación. En el vestíbulo, la ventanilla de la vieja taquilla ha sido anulada con chapa verde para evitar posibles actos vandálicos, y a su lado se yergue la anuladora para tarjetas Mugi, que ya ha recibido su bautismo vandálico de parte del “Punk” en forma de grabado uno de los laterales. Las puertas, siempre abiertas, aguantan la corriente como pueden: en alguno de los embates del viento unos cachos de madera de su cristalera se han desprendido, pero durarán unos cuantos años más.

La 447-285 a punto de salir hacia Lezo-Errenteria el 5 de abril del 2019 a las 19:35.

Otra cosa que no ha cambiado es el masivo uso de los trenes de Cercanías durante la Semana Santa. Durante el trayecto de vuelta de un viaje a Hernani por una visita familiar pude comprobar por mí mismo lo llenos que siguen yendo los trenes en estas fechas, llenos casi desde Zumarraga hasta San Sebastián de viajeros que parten a media mañana animados y conversando en voz alta para poderse oír y formando un barullo formado de temas tan interesantes como el tranvía de Vitoria o la diferencia de ancho de vía entre España y el resto de Europa y otros no tanto, al menos para mí; y vuelven al final de la tarde, con menos ganas de hablar debido al cansancio de una agotadora pero ociosa jornada. Una salada niña llamada Eunate de unos cuatro o cinco años de edad, expresó su deseo de salir cuanto antes de aquel abarrotado y caluroso coche diciendo a su madre que “le gustaría vivir allí” señalando hacia afuera nada más llegar la 447 al apeadero de la localidad de Ikaztegieta. Su madre, sorprendida, le respondió que qué iban a hacer allí, que allí no había nada, que se estaba mejor en Ordizia, mientras la niña aprovechaba la corta parada para intentar conseguir algo del frescor que llegaba desde afuera por la puerta abierta por medio de aspavientos. Así estuvo parada en parada hasta llegar a la suya. El tren se vació más o menos en Beasain, si bien gran parte de los asientos seguían ocupados.

miércoles, 10 de abril de 2019

Viaje en el tiempo

470-025 con el 18061 en Vitoria el 3 de abril del 2019 a las 15:03.
El pasado viernes tuve la oportunidad de viajar en el 18061 y montar en la 470-025 para volver a casa, debido a la oleada de estas últimas semanas. Si bien la experiencia fue extremadamente satisfactoria para mí, para la mayoría de viajeros quizás no lo fuera tanto. Nada más subir al tren, el interventor canoso que comenté en mi anterior foto hizo acto de presencia para avisar a todos los viajeros que aquel tren tenía como destino San Sebastián y no Pamplona, ya que la hora a la que llegó (sobre las 15:10) y el automotor que prestaba el servicio podría llevar a la confusión a más de un viajero navarro, a pesar de que la megafonía y la cartelería de la estación lo dejaban bien claro. Al ver a este señor, las chicas que esta vez me acompañaban, unas estudiantes de mi pueblo, se echaron a temblar: en un principio tenían pensado tomar el 18063 y fueron a la estación para comprar el billete, pero al ver que el 18061 iba con tanto retraso intentaron comprar un billete para este y así volver antes a casa, pero el sistema de venta ya no les permitía comprarlos. Recordaron que una vez llegaron tarde al 18063 y al montar sin billete dicho interventor les echó la bronca, y me dijeron que no se atreverían ni a pedirle el descuento de la tarjeta joven por su mal genio. Dicho comentario me sorprendió, ya que yo las pocas veces que lo he visto lo he notado sosegado, pero ellas desde luego no opinaban lo mismo. Para asustarlas un poco les dije que quizás se acordaba de ellas y que por ello la bronca sería mayor.

La 470 iba ganando lentamente la elevada velocidad que la llanada alavesa permite a las circulaciones; si bien la aceleración y la velocidad punta era inferior a la que alcanzan normalmente las 449 el confort era muy superior en cuanto al ruido de los acabados y la comodidad de los asientos, todo ello contrariado por la falta de plazas y la desajustada megafonía desde la que el maquinista anunciaba las paradas, curiosamente las alavesas en castellano (Alegría, Salvatierra…) y al llegar a Alsasua en euskera (Altsasu, Legazpi…), que asustaba a los viajeros con más sueño, seguramente consecuencia la juerga del jueves, por sus chirridos y su alto volumen. Llegando a Alsasua o quizás antes, mientras nos acercábamos a las nubes negras que ya traían la lluvia a estas tierras, el interventor llegó a nosotros. Sorprendiendo a las chicas, el señor comenzó a emitirles el billete sin rechistar, preguntando si lo iban a querer con el descuento de carné joven, facilitandoles el pago sugiriendo por medio de dinámicos cálculos la entrega de cierta cantidad de dinero para que la vuelta fuera exacta y facilitarles la venta… una de ellas, la que iba a pagar, se quedó perpleja ante sus explicaciones pero entendiéndolo todo y obedeciendo. Tras finalizar, comentaron lo sorprendidas que se quedaron, achacando el mal humor de aquel día a la falta de una buena siesta que quizás esta vez sí que echó.
Tomada en Beasain el 5 de abril del 2019 hacia las 16:30.
Al llegar a Beasain la tormenta descargaba con fuerza y mojándome bastante saqué otra foto allí, aunque por las pobres condiciones de luz y el lugar desde el que saqué la fotografía no me convenció lo suficiente como para subirla. Tras la marcha de este Media Distancia abandoné con prisas la estación para ir a comer (o más bien merendar por la hora a la que llegué, aproximadamente las 16:30), con mi “abuela postiza” M.ª Carmen. Ella, amiga de mi madre desde hace muchos años, conoce bien mi afición, y por consiguiente y también por usarlo el mundo del ferrocarril, se sorprendió cuando le enseñé la foto, expresándolo con un sonoro “¡Jesús!”. Recuerdo que antes de que las 470 abandonaran la provincia, tendría yo por aquel entonces más o menos 12 años, viajé a Irún justamente con ella en una de estas unidades, cuando aún eran naranjas si no recuerdo mal. Qué tiempos aquellos...

jueves, 4 de abril de 2019

Cuán presto, ¡ay, mísero!


Arco Camino de Santiago en Vitoria el 28 de marzo del 2019 a las 19:23.


“...cuán presto huyó, como un relámpago despareció”. Estas líneas de la Romanza de la Duquesa, de la zarzuela “Jugar con fuego” de Barbieri, muy conocida en la versión de Pilar Lorengar por ser usada en un anuncio de Seguros Ocaso hace unos años, concuerdan con las circunstancias de la parada de este Intercity 00280, el Arco Camino de Santiago, menguado y mísero, reducido casi al mínimo, que llega siempre tarde (unos 10 minutos en la toma de esta foto, debido a la avería del enclavamiento de San Estevo do Sil según Gustavo Rivera) y siempre marcha con prisas, acortando al mínimo el tiempo de parada intentando recuperar sin demasiado éxito el tiempo perdido, aunque esta vez el maquinista, al verme apurado para sacar algunas fotos desde el encuadre de fuera de la marquesina, intentó atrasar un poco la salida y salió algo más despacio de lo normal, cosa que es sin duda de agradecer. Ésta es una fotografía que hace unos meses era poco menos que imposible, ya que las condiciones de luz eran bastante malas al ser ya casi de noche, y además, como la locomotora siempre se sale de la zona marquesinada, costumbre reminiscente de cuando llevaba tres coches más como mínimo, las velocidades de obturación necesarias para que saliera nítida hacían imposible el encuadre; sin embargo, en cuestión de meses la cosa cambió de noche cerrada a bonito atardecer. Pero poco se ha ha podido aprovechar este cambio que ha tardado meses en dar sus frutos, ya que el sábado como todos sabemos se cambió la hora adelantando los relojes una hora, así que en menos de veinticuatro horas la cosa habrá pasado de bonito atardecer a (seguramente) incómodo contraluz.  Un repentino cambio que a todos nos beneficia y perjudica a partes iguales, ya que algunos ahora podrán disfrutar de este tren con una luz más benévola, y otros podremos disfrutar de otras circulaciones con algo más de luz, el Surexprés por ejemplo.


Tomada el 17 de enero del 2019 a las 19:27.
Al hilo de todos estos cambios de hora, tiempos, horarios y costumbres, el pasado viernes viajé en el Media Distancia 18063 para pasar el fin de semana con mi familia. Durante el trayecto pasó el interventor, un señor espigado y de pelo corto y cano que usaba unas gafas de leer de plástico y el típico traje de chaqueta y corbata; entonaba con una voz totalmente serena y agradable, casi robótica e hipnotizante, su repetitiva cantinela de “hola, buenas tardes” exigiendo sin llegar a pedirlos esos billetes que debía revisar, la mayor parte de veces sin ni siquiera obtener un simple “buenos días” de vuelta, no digamos ya el “gracias”, más de cortesía que de agradecimiento. Nada especialmente relevante había en él exceptuando su método de validación de los billetes: el troquel de picar. Nada más entrar en el coche, el caballero comenzó a picar los billetes con aquel artefacto que parecía haber sido usado durante bastantes años por su desgastado color, llamando poderosamente mi atención. Lo comenté con mi compañero de viaje, al que el detalle del “pica que pica” le hizo tanta gracia e ilusión como a mí: hacía años que ninguno de los dos veía un interventor picando billetes, ya que desde hace ya casi 10 años para aquí se estila más hacer firmas e incluso rayas transversales con bolígrafos BIC en los billetes, si es que hay billete que pintar, ya que cada vez más usuarios, sobre todo en viajes de Media y Larga Distancia, compran su billete por internet y lo descargan en formato PDF, más por páginas alternativas que por la oficial de Renfe, que ya ha protagonizado titulares de El Mundo Today por sus numerosos fallos. Casualmente el día 1 de abril se instauró tras años de negociación entre el Ministerio de Fomento y la Diputación Foral de Guipúzcoa el sistema de pago por tarjeta Mugi en el núcleo de Cercanías de San Sebastián; veremos cómo se reinventan estos interventores, si tienen algún método para comprobar si un usuario de esta tarjeta ha pagado o no… Dicho todo esto, ésta fotografía marca ya un antes y un después en mi afición, ya que ha sido la primera en ser subida antes a Instagram que aquí.

jueves, 21 de marzo de 2019

Por tierras catalanas

450-039 con un Rodalies en dirección a St. Vicenç de Calders en Cunit a las 18:10
Este último festivo, el puente de San José, he visitado tierras catalanas, más concretamente las comarcas del Garraf y el Baix Penedés. Cualquiera podría pensar que la mayoría de fotos las habré sacado en la primera, por su gran tradición ferroviaria y sus increíbles paisajes, pero no ha sido así: las estaciones que pude visitar estaban cerradas por infranqueables tornos, y todos los miradores de la célebre carretera de Garraf ocupados. En Vilanova i la Geltrú, aparte de los tornos, la inexistencia de pasos superiores y el poco favorecedor sol en el único punto decente que fui capaz de encontrar hicieron que prefiriera dedicarme a observar las circulaciones del precioso parque de 5’’ que la asociación de dicho municipio tiene instalado en el paseo marítimo, y dejé para otra vez el Museo. A pesar de los chascos, en Cunit pude disfrutar de diversas circulaciones, todas de viajeros por supuesto, pero por suerte el estado del material era bastante bueno en cuanto a limpieza, y además había un poco de material distinto al del habitual de las zonas que frecuento; los Civias y los Buques.

Uno de estos Buques, en concreto la unidad 450-039, es el protagonista de una de las fotografíass tomadas en la estación/apeadero de la ya citada población de Cunit, que cuenta con dos vías de apartado, una a cada lado, aunque su uso no parece muy habitual (según Jordi F. G. pensadas para ser usadas en rebases, aunque su conveniente uso para descongestionar la línea esté de capa caída). Sorprendentemente, esta estación cuenta con un sistema de iluminación que ya quisieran muchos polideportivos o instalaciones similares para sí: una doble hilera de fluorescentes para cada andén que iluminan toda la zona cubierta. Además, a partir de cierta hora que no sabría indicar con exactitud, se encienden y permanecen todos ellos encendidos hasta la mañana siguiente, o quizás se apaguen a partir de media noche, tampoco podría asegurarlo con certeza. Lo que sí que puedo decir es que al menos en esta temporada tal gasto me parece poco menos que innecesario, y más teniendo en cuenta que por ejemplo en Vitoria unos pocos fluorescentes se mantienen enciendidos y otros pocos encienden al paso de las circulaciones, y ni siquiera la cuarta parte de los que se dispone se enciende, diría yo. Quizás se toman demasiado al pié de la letra lo de ser la “Green Capital”, o quizás en Cunit la densidad de circulación y de viajeros en verano haga imposible tomar estas medidas. ¿Quién sabe?
Rodalies en dirección a Sant Vicenç de Calders, tomada el 17 de marzo hacia las 16:30
Aprovechando que el viernes tuve que usar el trípode para un trabajo de arqueología me lo llevé conmigo de viaje, y para ahorrar la limitada batería de la cámara la dejé estática y enfocada, llamando la atención de algunos de los viajeros que por allí pasaban. Al final de la jornada, después de desmontar el equipo y disponerme a salir del recinto para reunirme con mi familia, un chaval de unos 25 años me pidió “que le sacara una foto”. Evidentemente no iba a cambiar mis planes para hacerle un favor con el que seguramente yo no iba a ganar nada, así que le dije que no, que me estaban esperando; aquella respuesta no pareció sentarle demasiado bien al individuo. Evidentemente, si fuera alguien que conozco quizás le haría el favor, como alguna vez he hecho con algunos de mis amigos, pero sin conocerlo y además así a botepronto pues era evidente que no iba a hacerlo. Por lo demás fue una jornada satisfactoria, y a pesar del algo evidente recelo al principio del personal de taquilla que me observaba desde la puerta, no hubo ningún otro inconveniente.

Dedicada a mi padre, por San José y por hacer posibles tantas y tantas fotografías de esta galería.

miércoles, 13 de marzo de 2019

Jornada festiva

Tras descartar el jueves los planes de visitar Miranda de Ebro el viernes, volví a casa para pasar el viernes y el fin de semana en mi tierra. A pesar de la "huelga feminista", en parte pensando que su convocamiento no tendría demasiada repercusión en los medios de transporte, decidí a la tarde salir a dar una vuelta en bicicleta hasta Legorreta, unos 15km de ida y otros tantos de vuelta que a pesar de los varios meses de total desentreno no supusieron para nada un esfuerzo. 

La 447-285 a punto de partir hacia Zumarraga a cargo del Cercanías 32766 con destino Brinkola, estacionada junto al viejo y descuidado edificio de viajeros de la estación de Legorreta. 
Después de estar unos 20 minutos en la recta del túnel de la vieja papelera (la misma de la fotografía «Advertencias y peligros», donde cuento cómo de tedioso se me hizo el pasar poco más de una hora allí mientras recibía miradas asesinas y bienintencionadas pero impertinentes advertencias del peligro que allí sufría) con no muy buenos resultados fotográficos, el aviso de la supresión de la bajada del pestes que estaba esperando me hizo moverme hasta la estación y aprovechar el viaje para de paso tomar algunas fotografías de los diversos postes de Norte que aún prestan servicio allí y que el 7 de junio cumplirán 90 años en servicio regular, efemérides que espero celebrar subiendo alguna otra foto aquí y un "minirreportaje" sobre los postes con unas cuantas fotografías en mi cuenta de Instagram.

A la vuelta, por Ordizia, me quedé sin cambios en la bicicleta por la rotura del cable y me crucé con la comitiva de la manifestación feminista de dicha población, momento que aproveché también para hacer de reportero y sacar unas cuantas fotos de su paso por la zona de CAF. Poco después, llegando ya de noche a mi pueblo, la luz delantera dejó de funcionar; no era la primera vez y seguramente la causa sea el deterioro del cable que la conecta con la dinamo.