domingo, 31 de enero de 2021

...y, al fin, cayeron.


Fotografía tomada el 25-I-2021 y usada como ilustración en el artículo de Burroughs, D. (3-VI-2021): “Spain outlines €1.5bn investment to improve intermodal freight International Rail Journal.

Mucho tiempo ha pasado desde que fotografié mi última 269 de Renfe, quizás 3 o 4 años ya. Desde entonces, las veteranas japonesas supervivientes en el sector privado me han sido muy esquivas: si alguna vez tenía la mínima oportunidad de verlas, pasaban a horas intempestivas o me dejaban tirado; si pasaban a buena hora, con el sol a favor y a una velocidad no demasiado alta, quien me dejaba tirado era la cámara, que quizás desacostumbrada a la chata forma de sus testeros se veía incapaz de enfocarlas correctamente. 

El lunes sin embargo, gracias al aviso de Borja, esquivando esa esquividad propia de las locomotoras niponas hacia mi cámara, tuve la suerte de poder captar el paso de este TECO Zaragoza-Bilbao de Continental desviado de su ruta habitual junto a la vieja aguada de Vitoria, como unas cuantas veces fallidamente intenté con las grisáceas cajas de zapatos de LCR en cabeza de los más anodinos portaautos Pamplona-Muriedas, pero con este tandem de tan colorida librea en cabeza y un amabilísimo maquinista al mando que me deleitó con sus atronadoras pitadas, despertando en mi memoria recuerdos de viejos tiempos; también tuve oportunidad de verlas el viernes en peores condiciones lumínicas y a cargo de un servicio similar, pasando a toda velocidad. Casi como en mi infancia, cuando remolcaban aquellos MegaCombi infinitos. Esta vez tampoco se dejaron enfocar por el autofoco, así que tuve que tirar de manual, ya que desde el día del primer Talgo-Intercity el Yougnuo no responde... al menos no quedó tan mal. 

Toda una alegría para dar fin a este enero algo desabrido, una mota de color en este panorama aburrido, desierto, sucio y casi monocromo del actual ferrocarril convencional.


jueves, 14 de enero de 2021

Talgo “entre ciudades"

 

El martes, un día más tarde de lo previsto debido a la supresión por motivos meteorológicos de los nuevos Alvia 626-632 Vigo/Salamanca-Barcelona y Barcelona-Salamanca/Vigo -unos 130 en doble composición que sustituyen los anteriores Alvia 621-625 (V/AC-B), sus inversos  622-626, y el difunto IC 280-283, es decir, el Arco Camino de Santiago, inició su andadura el Intercity 384 Irún-Vitoria y su inverso, el 385. Este nuevo servicio, que junto a su homólogo vizcaíno enlaza las dos provincias costeras del País Vasco con dichos Alvias, parte de Irún a las 12:05, efectuando parada en San Sebastián (12:20), Zumárraga (13:07), Alsasua (13:35), y termina su recorrido en Vitoria a las 13:58. El inverso, sale de Vitoria a las 16:45 y efectua las mismas paradas (17:05, 17:28 y 18:20) para llegar a Irún a las 18:40. Como podemos observar, sobre el papel tarda 1h 53mins. en completar el recorrido, 2 minutos más en el caso del inverso.  Al ser un tren de enlace a otro de Larga Distancia, no es justo compararlo con otros servicios en un recorrido similar, pero poniendo por caso un viaje de Vitoria a Zumárraga, el IC 385 tarda 7 minutos menos que los 50 que en teoría -no si tenemos en cuenta el endémico atraso que suele llevar- el MD 18063 de las 18:02. El billete del IC costaría 13,10€, mientras que el del MD costaría 7,60. 


Sabiendo que empezaba a circular ya, me acerqué a la estación a ver el servicio inaugural, robando un poco de tiempo a mis estudios. La locomotora, la 252-046, y el último remolque de la rama 4B14 presentaban un aspecto lamentable debido al vandalismo de los de siempre, no obstante, al estar manchadas la locomotora y la rama en lados opuestos se minimizaba el daño estético general en un lado, el cual tuve que correr un poco para poder captar, junto a la 440-207 del REX 18204 a Miranda, que tuvo que cambiar su lugar de partida mosqueando a unos cuantos de sus viajeros. En este Talgo vinieron algunos aficionados donostiarras a quienes tuve ocasión de saludar y conocer, y un amigable especialista de Talgo, que como casi todos en general opinaba que hubiera sido mejor dejar el Arco, y criticaba la desidia en el mantenimiento del material. 



Tras la maniobra de inversión, el convoy quedó en espera en la vía 4, hasta que el Sr. Amelibia, gran amigo, aficionado y casi-maquinista viniera a practicar por puro aburrimiento maniobras con este Talgo, metiéndolo a la hasta ahora en desuso vía 7. Ya después de acometer el enlace con el Alvia que traía dos horas de retraso, llevó el inverso hasta Irún, llegando allí con más de una hora de retraso fruto de problemas con el ASFA en Anoeta, cruces y demás zancadillas. 

Tanto tiempo parado hace mella en el material, y las sufridas 252 no iban a ser menos... en fin, no les veo demasiado futuro a estos enlaces, más que nada por lo engorroso de las maniobras, la proximidad de la vía 7 a una degradada zona de botellón y viviendas (las cuales no tardarán en quejarse por el ruido del generador)... como un pequeño preámbulo de la vuelta a las andadas de las ramas Talgo IV y las 252 no lo veo mal. 

Mejor tener el material en movimiento que pudriéndose en el semiabandono de una playa de vías, aunque me recuerda a los últimos servicios Madrid-Palencia de los Talgo II en 1972; no creo que esta sea la antesala de la muerte de este veterano material al cual le quedan aún unos cuantos años, pero como sabemos, con Renfe nunca se sabe....  


Un saludo a todos los presentes aquel día.

Fotografías de la maniobra de traslado de la composición a la vía 7.

lunes, 11 de enero de 2021

Año de nieves, año de bienes

 Para dejar atrás los sinsabores del 2020 que sin duda nos quedarán cual "paluego" entre los dientes por varios años, este 2021 ha traído la nieve para deleitarnos gracias a la borrasca "Filomena", aunque la circulación de los trenes y en general los medios de transporte haya sufrido numerosas afecciones que nos han dificultado en cierta medida disfrutar de la afición. 


La nieve llegó a mi pueblo el día 2 de enero, pillándome en cierta manera desprevenido y escéptico. Me levanté algo tarde y nada más mirar por la ventana me vestí y salí con la cámara a cuestas en dirección al barrio de Mendizabal, con la intención de tomar una fotografía general de Ormaiztegi nevado con alguna circulación a su paso por el viaducto. Pocas fotografías (si no ninguna) han sido captadas desde allí, al contrario que el ya celebérrimo encuadre del pinar talado, que, si metafóricamente llega a ser el pozo de Urbeltz —pozo de aguas sulfurosas situado metros abajo que alimentaba el viejo Balneario— ya estaría más seco que la mojama. De hecho, allí estaban al parecer apostados varios aficionados donostiarras, maravillados por la nieve goierritarra que no llegó a la cota 0. 

Mi intención era captar todo el pueblo en una panorámica, desde los caseríos de Berroeta y Agerre hasta la carretera A-636, que estaba siendo despejada por un quitanieves, pero la neblina procedente del calor de las casas y las bajas temperaturas, junto con la escasa memoria RAM de mi portátil barato chino hicieron difícil crear la fotografía que yo quería. Además, una incidencia en el suministro eléctrico y alguna otra incidencia menor interrumpió el tráfico entre Alsasua y Zumárraga, haciendo que lo único que se pudiera ver fueran las incansables 447 de Cercanías, cumpliendo como casi siempre puntualmente su servicio, y así lo hacían también el día 4, cuando la nevada arreció de nuevo en cotas algo más altas, manteniendo algo de nieve en mi pueblo y un exquisito manto de nieve en Brinkola, donde pasé un rato agradable pero no demasiado fructuoso con algunos compañeros. 



El resto de la semana pasada, en los ratos que me dejaban mis estudios, pude disfrutar de bonitas estampas en Vitoria, donde los tranvías rodaban en su salsa, al contrario de los trenes de Renfe, los cuales seguían sin levantar cabeza en gran medida por la grandiosa nevada en la meseta; estando casi todos los trenes suspendidos, poco había que ver en la vía ancha, aunque estos últimos días de ha dejado ver alguna que otra circulación. En fin, da un poco de lástima ver en qué ha quedado el ferrocarril, que antaño con peores condiciones técnicas y meteorológicas conseguía abrirse camino y hoy sin embargo queda paralizado a nada que cuaja un poco. 

Dedico estas fotografías a mi hermano, quien a las nueve horas y quince minutos del día de hoy ha alcanzado la mayoría de edad.


sábado, 28 de noviembre de 2020

Fotografías con trampa


Hace unas semanas colgué esta fotografía en mi cuenta de Instagram con la siguiente descripción: “La "sosteniblemente" vinilada 253-045 pasa por Las Trianas de camino a cargo del químico Villafría-Hendaya. Mientras, una 600 cruza el puente en dirección a la universidad, 18-IX-2020”. Ciertamente, la foto tuvo bastante éxito y la pintoresca escena del cruce llamó la atención a bastante gente que incluso se animó a comentarla: alguien la comparó con una famosa fotografía tomada por Enrique Guinea probablemente entre 1914 y 1915, en la que un convoy del extinto ferrocarril métrico Anglo-Vasco-Navarro encabezado por la locomotora Nº4 “Vitoria”, de tipo 0-3-0 construida por la Falcon Engine & Car work Ltd. de Lougborough (Gran Bretaña) en 1887, se cruza por medio de un paso elevado de reciente construcción con otro del Ferrocarril del Norte, que sería seguramente un expreso a Madrid remolcado por la por aquel entonces recién estrenada vaporosa 4012, de tipo 2-4-0 Mastodonte, las cuales elevaron la velocidad de los servicios a los 90km/h. Dicho paso superior servía, antes de que el ferrocarril de vía estrecha se extendiera hacia el sur a Estella, únicamente al ramal que lo enlazaba en la estación del Norte con el de vía ancha. Y es que la comparación tiene cierto sentido, es más, hay ciertos detalles que la hacen digna de semejante paralelismo. Casualidades de la vida, saqué la foto protagonista de hoy desde ese mismísimo puente que aparece en la vetusta foto, pues tras el cierre de la línea en 1968 fue reutilizado como paso peatonal y el tranvía de Euskotren, que desde su inauguración en enero de 2019 pasa por encima de la caja de vía del viejo Norte en dirección al sur de la ciudad, es de ancho métrico al igual que el antiguo Vasco-Navarro.

La mencionada fotografía de Enrique Guinea, conservada en los fondos de la sección fotográfica del Archivo Municipal de Vitoria-Gasteiz..

Pues bien, mi fotografía no es más que un mero montaje. Fue ideada durante la espera que precedió a la toma original, ya que el Alvia a Barcelona que venía delante del mercante pasó con cierto retraso haciendo que tuviera que esperar pasando frío y con riesgo de mojarme; el contexto meteorológico no era agradable, y como el aviso fue casi inminente no tuve demasiado tiempo de abrigarme como era debido. Así pues, como la foto no iba a tener suficiente encanto así sin nada especial que la adornase y teniendo en cuenta que ya tenía cazada la brillantemente mantenida 045 meses antes, pensé que para que la espera mereciese la pena tomaría una foto del tranvía cruzando el puente para así acoplarla a la foto original. Después de que el Alvia pasara segundos después del paso de un tranvía, confirmé que la casualidad sería casi imposible de captar y me reafirmé en acometer la mencionada edición, obteniendo como resultado la foto que véis, y que espero que alguien pueda captar alguna vez con más mérito y sin ayuda del fotomontaje. Sin embargo y en mi defensa, también la del Vasco-Navarro es una foto “preparada”, pues los integrantes de la tripulación del convoy de vía estrecha y algún que otro curioso más que sale en la foto posan alegremente al paso del expreso.

 


Hemos llegado ya al ocaso de este 2020, año inolvidable para bien y para mal. En este año marcado por la pandemia era un reto difícil disfrutar de la afición y de la vida en general, pero se ha hecho lo que se ha podido. No ha sido un año bueno para nuestra sufrida afición, pues en un abrir y cerrar de ojos han desaparecido los últimos coches convencionales, multitud de servicios que antes amenizaban las horas, ha vuelto a la carga la "Fundición de los Ferrocarriles Españoles" aunque se le haya podido parar los pies para salvar una rama de Talgo III entre otro material de interés, y, como guinda del pastel, ha desaparecido la revista HobbyTren, un medio de divulgación de esta afición que desde hace más de 25 años hacía llegar a los kioskos una muestra de nuestra afición sobre todo al tren real, y que cautivó durante años las miradas de niños como yo, que viendo aquellos impresionantes posters desplegables se inspiraba a hacer todo tipo de dibujos e incluso fotos de índole ferroviaria, con la cámara de dos megapíxeles de sus padres, claro. Pero este fatídico 2020 ha llegado ya casi a su fin y estamos viendo nacer el 2021, dejando atrás el amargo regusto de tantos planes mandados al garete, tantas personas separadas, tanta gente desesperada por su situación económica, tanto sufrimiento y tantas pérdidas, un regusto que por desgracia nos va a ser difícil eliminar como es comprensible, y más teniendo en cuenta que en los cerebros de nuestros dirigentes no hay nadie al volante. 

Para ilustrar este fin de año, estos días casi liminales entre un año y otro, elijo una de las pocas fotografías que tomé desde el puente internacional de Santiago, un lugar un tanto extraño y también liminal a día de hoy. Antaño punto de finalización de la N-I, homólogo de asfalto de nuestro Ferrocarril del Norte, ha sido despojado de gran parte de su carácter fronterizo y tráfico por y gracias al espacio Schengen y la A-8. A pesar de la peatonalización de este viejo paso sustituido por un puente de hormigón pocos metros más arriba, aún la zona guarda ese regusto de tierra de nadie, de lugar de paso. Las licorerías y los bares de no demasiado buena reputación que quedan abiertos, ya algo decadentes por la menor afluencia de viajeros, ayudan a hacerse una pequeña idea de la actividad económica que en su día creaba por allí la por entonces mucho más palpable frontera y sus aranceles; también la inmensa playa de vías de Plaiaundi, su maraña de catenaria, sus convoyes mercantes en espera, sus grúas y tras todo ello los puentes ferroviarios que salvan el Bidasoa adentrándose en territorio francés guardan aún la esencia de aquellos tiempos, de lugar de paso.


El viejo puente de 1864, que comparten la vía ancha y la vía de ancho internacional, aguanta con dignidad el implacable paso del tiempo, pero no es ajeno al mismo: el primer arco presenta un trozo de sillar caído, y uno de los balconcillos ya tiene una parte de su balaustrada en el fondo del río. Por suerte parece que Fomento efectuará algunas obras de mejora próximamente, haciendo que recupere seguramente el esplendor de viejos tiempos. Quizás esta desidia, no carente de belleza, todo hay que decirlo, en la que se ve inmerso el puente va en consonancia con la pérdida de importancia de la frontera pero también del transporte internacional ferroviario, que aunque no haya cesado es bastante más reducido de lo que era en su día. A día de hoy, además, ningún tren de viajeros lo cruza ya, pues el Surexpreso está a la espera de ser restablecido aunque nada se sabe de la fecha prevista (quizás ni siquiera esté prevista, al menos por parte de Renfe), y el pobre Arco hace meses que desapareció; además, ya ni los trenes franceses parecen hacer el intento de llegar a Irún para facilitar el transbordo, así que en este momento el pobre puente está relegado a un uso puramente mercantil. Por suerte, parece que la SNCF quiere recuperar el nocturno "Paloma Azul" o Lunea París-Hendaya, lo que al menos puede avivar un poco el panorama en dicha estación fronteriza, estancada en el tiempo y sin demasiados viajeros que da casi la misma impresión de desuso que las estaciones de Portbou y Cerbére: en estas el panorama era quizás aún más desolador en ese sentido, dado que ni siquiera las poblaciones a las que sirven, sumidas también en esa decadencia postfronteriza, les dan una mínima actividad de cercanías.


Entre ambos puentes, más cerca del carreteril de Santiago que del señorial puente decimonónico, se encuentra el más modesto pero quizás mejor conservado —que no mantenido— puente del Topo, que cada cuarto de hora pasa dos veces por él, primero cruzando a Hendaya y después de vuelta hacia San Sebastián. No parece que lleve demasiada gente tras la frontera, pero al menos facilita un servicio de trasbordo que las dos compañías nacionales no parecen estar muy interesadas en ofrecer. Éste topo era en realidad el objetivo principal de mi parada en el lugar, pues representaba un valor seguro a la hora de fotografiar alguna circulación allí. No obstante, con un adelanto de varios minutos, llegó una 900 a la estación de Ficoba hacia Amara nada más aparcar, haciendo que la "parada relámpago" prevista fuera alargada una decena de minutos más. Por suerte, el paisaje espectacular que representan estos puentes y el río Bidasoa, frontera natural en sus últimos kilómetros antes de desembocar en la Bahía de Txingudi amenizaron la espera, así como este dichoso tractor de maniobras de la SNCF, una caza verdaderamente inesperada y que me pilló sacando fotos a detalles del puente desde el paseo que hay en la orilla francesa. 


Quién sabe si en un futuro no volverá a estar en auge esta zona, quizás por los aires proteccionistas y estatistas que se vienen respirando los gobiernos ansiosos de manejar nuestro dinero desde hace un tiempo y más gracias a esta pandemia. Esperemos, que en lugar de ese auge del hermetismo, el motivo sea el resurgimiento de los trenes de viajeros convencionales y también del transporte de mercancías por ferrocarril. En fin, estimados lectores y visores, espero que tengáis una feliz navidad y un mejor año 2021 en el que ahora estamos a punto de sellar nuestro pasaporte.


sábado, 21 de noviembre de 2020

Pasando revista a la Imperial


La 355-002 de camino a San Sebastián, 30-IX-2020. Fotografía usada como ilustración en el artículo de Clinnick, R. (21-VI-2021): "Specialist depot for Spanish infrastructure locomotives and trains"; International Rail Journal.

Hace algo más de un mes tuvimos la suerte de ser visitados por la pareja de BT-s de Adif, en misión de reconocimiento por la zona norte, tanto en la línea de Rioja, como en la de Bilbao y en la de Irún. En el caso de estas tierras alavesas y guipuzcoanas, primero nos visitó la 355-002 —llamada en origen “Virgen de las Reyes”, siguiendo la tradición de Talgo de las advocaciones marianas—, y ya después la primera de la serie, llamada “Virgen del Rocío”. Estos prototipos de trenes autopropulsados diésel de alta velocidad y ancho variable fabricados por Talgo a finales de los 90 tienen el récord mundial de velocidad en tracción diésel, habiéndo alcanzado los 256,38Km/h el 12 de junio de 2002 en el Km. 402.2 de la línea Madrid-Barcelona-Francia, tal como rezan las orgullosas calcas que llevan las motrices.

La 355-001 apartada y la dresina de la estación volviendo de sus quehaceres, 7-X-2020.

Escoltados cual deportistas de élite, estrellas de cine, miembros del gobierno o de algún consejo de administración de una empresa del Ibex, por una patrulla de seguridad privada que era a ratos celosa de cualquier acercamiento humano y otras veces más atenta a la conversación entre sus miembros que al objeto de su vigilancia, son la joya de la corona de Adif, usándose algunas veces como trenes oficiales en actos públicos, aunque en general son usados para labores de auscultación. Mientras, la dresina de vía y obras, trabaja entre bambalinas, sin tanta pompa ni boato. 

El autor de las anteriores fotografías y estas líneas retratado por Renfe449 —a quien dedico la serie— ante la 355-001, 7-X-2020.

No me consta ninguna otra circulación de estos curiosos trenes por estos lares, y fue un inmenso placer poder avistar este extraordinario evento; espero que siendo la primera vez, no sea también la última vez que se dejen ver, para disfrute de todos los aficionados de la zona. Este tipo de fotos y momentos son los que, a pesar de todo, han hecho que este fatídico 2020 haya merecido la pena vivirlo. 

viernes, 21 de agosto de 2020

Viaje al centro de la tierra

Desde hace ya unos cuantos años, el verano es de lejos la época del año que menos me gusta. Nunca me ha gustado la playa y tampoco demasiado la piscina. Quizás es porque aprendí tarde a nadar, tenía miedo y algo de asco al agua salada, y pasaba el tiempo rebozándome en la arena, haciendo obras de ingeniería de miniatura, como túneles, murallas, diques de contención, embalses o modestos pozos en busca del agua bajo la arena. Tampoco me gusta pasar calor, prefiero mil veces pasearme por la nieve bien abrigado y sentir el agradable calor de la calefacción que estar cociéndome y aguantar un golpe de frio al entrar en cualquier parte. Tampoco me gusta romper las rutinas que, por simple inercia hacen que haga lo poco que hago. En verano me estanco, me siento inútil y fuera de lugar.

Por suerte este año he tenido la oportunidad de visitar no uno, sino dos yacimientos arqueológicos que, como varias jornadas ferroviarias memorables de los últimos meses, me han sacado de vivir el tedio que suponen para mí todas las horas muertas del casi infinito verano que los estudiantes hemos vivido este maldito año; horas muertas en las que te entran dudas existenciales, nostalgias y crisis que parecen trascendentales pero que desaparecen en cuanto te ves inmerso en algo que te gusta. Primero estuve tres semanas en Ondarre, investigando un fondo de cabaña probablemente calcolítico formado por piedras, que, igual que el balasto de nuestro querido ferrocarril, tenía como objetivo drenar el agua pluvial que el tejado de aquella estructura sería seguramente incapaz de aislar. No fue una campaña demasiado fructífera en cuanto a hallazgos, pero volver a ver a unos cuantos compañeros de clase, conocer a nuevos alumnos de la carrera y celebrarlo bien mereció la pena. Después estuve dos semanas en Deba, en la cueva de Ermittia, donde cribamos tierra sacada en dos catas ilegales y adecentamos un poco su estado, encontrando bastante material, haciendo la experiencia aún más interesante; entremedias, acudí a grabar el alzamiento del menhir de Naparbide, una restauración que quedó bien documentada en vídeo para la posterioridad. En todas esas experiencias, aparte de aprender bastante sobre arqueología, saqué bastantes fotografías y apliqué conocimientos y técnicas experimentales para las mismas, sobre todo y más concretamente la de la fotografía panorámica, la cual ya exploraba con anterioridad pero que ya empiezo a manejar con mayor efectividad.

Teniendo tanto que hacer durante todas estas semanas he dejado de lado el ferrocarril, pero en cuanto he tenido oportunidad he aplicado lo aprendido para obtener resultados de calidad variable pero bastante satisfactorios. El lunes tuvo lugar un modesto pero interesante y agradable viaje al “botxo” en el que me embarqué junto con Iker, artífice de la odisea, e Iván, el invitado de honor. Tiene delito que haya esperado hasta que surgiera este plan para confiar verdaderamente en el transporte colectivo y acercarme hasta Bilbao con intereses exclusivamente fotográficos, pero al fin he superado ese temor a quedarme tirado en una ciudad ajena pasando la noche en la calle cual vagabundo. Iniciando yo el viaje en Beasain me reuní con ambos compañeros en el REX 16001, en el cual venían charlando, o más bien escuchando, al agradable interventor de Media Distancia que alguna vez he mencionado por aquí. Resultó que aquel señor que sembraba pavor a unas chicas de mi pueblo desde que  supuestamente les echó la bronca por exigir el descuento del Carnet Joven tras subir sin billete en Vitoria, aquel interventor tan serio y educado que taladraba los billetes, era Gabi, un verdadero cachondo locamente aficionado al montañismo y al esquí al que desde aquí mando un saludo.



Normalidad en la Estación del Norte, dos unidades de Cercanías estacionados mientras circulan en direcciones opuestas; 17-VIII-2020.


Otro Cercanías, captado desde el puente de Iztueta. 

Al llegar a San Sebastián aprovechamos para sacar unas cuantas fotos tanto en la Estación del Norte como en el puente de Iztueta, que conecta Gros y Egia y que espera inexorablemente su escrito destino de caer bajo la piqueta. Tras ello, cruzamos el ensanche donostiarra hasta el barrio de Amara, donde se yergue aún la estación de Euskotren, construída a mediados de los 80 y con un incierto destino. Pronto esta estación de culo de saco será sustituida por la pasante, el hasta hace un tiempo llamado Metro Donostialdea y hoy día afortunadamente llamado oficialmente TOPO, llamado así en homenaje al tradicional apodo popular que recibe el ferrocarril de vía estrecha que casi sin descanso desde 1912, conecta por medio de numerosos túneles y no pocos viaductos San Sebastián con Hendaya. Sin duda y como demuestran tantos casos, es la vox pópuli quien mejor bautiza cualquier cosa. Ahora se ha puesto de moda bautizar “oficialmente” desde las instituciones las estaciones y en general obras públicas como si de aeropuertos americanos se tratasen, eligiendo un nombre concreto y a veces añadiéndole el nombre de un político —como si hubiera políticos que de verdad merecen ser homenajeados de semejante manera— y  dejando de lado otras formas de la tradición oral o la historia, pasando a complicar y prostituír algo tan puro como la toponímia. Seguramente la Estación del Norte (o de Atotxa) de Donostia-San Sebastián será ahora simplemente  “Atotxa”, y quizás dentro de un tiempo “Atotxa Odón Elorza”, como Bilbao-Abando es ahora “Abando Indalecio Prieto” (oscuro personaje). A ver cuándo se bautizan los aeropuertos vascos, propongo que sean “Loiu Patxi López”, “Foronda Carlos Garaikoetxea” y “Hondarribia Juan José Ibarretxe”, que bautizarlos así da muchisísimo caché, notesé la ironía.


La 927 "Bilbao" fuera de servicio y la 907 "Hendaia" procedente de Lasarte estacionadas en la playa de vías de Amara. Fotografía publicada en el número 325 de la revista Hobbytren, correspondiente al mes de octubre de 2020.

La 917 "Abadiño" y la 911 "Zumaia" esperando para salir hacia Bilbao y hacia Hendaya.

Pues bien, allí en Amara, tras un buen rato decidiendo si pararíamos en Zumaia o Deba a comer, tomamos partido por la segunda localidad, ya que a pesar de tenerla Iker y yo bastante vista —no así Iván—, la localización de su estación es inmejorable y Deba es mucho Deba. Tomamos un trago en la cafetería Topobide, y, aunque estuve tentado de acercarme al TOPOgune, una especie de centro de información sobre el TOPO —lo cual es habitual en ETS/RFV y Euskotren, hay puntos de información también sobre las obras del tranvía de Vitoria— el tiempo apremiaba y no tardamos mucho en acceder al andén, para, habiendo sacado unas cuantas fotos, partir a “equis” menos diez, como todos los trenes a Bilbao, rumbo a la localidad costera. El recorrido, que tras salir del túnel de Lugaritz deja ver paisajes cada vez más verdes y naturales a medida que se acerca al Oria y a su desembocadura, fue muy ameno, viendo de por medio muchos de los lugares descritos por José de Arteche en “Mi viaje diario”, una lectura más que recomendable. Así pues, poco a poco llegamos a Deba, donde nada más llegar, tras encontrarnos con un educado vigilante de seguridad que invocó el Protocolo Antiterrorista de 2005 (por el cuál según él, Euskotren impedía la práctica fotográfica en sus instalaciones en el Reglamento). Yo, que ya leí sobre el tema, argumenté que nuestra fotografía era definitivamente doméstica, por lo cual el artículo 3.8 no nos coartaba la libertad de fotografiar lo que nos placiese, aunque no pusimos mucha resistencia y nos dispusimos a buscar un bar con alimento de suficiente sustancia como para saciarnos, aunque a mí me hubiera valido con un crianza que me saciase la sed. No fue tarea fácil, ya que a partir de las 2 las cocinas parece ser que se centran en servir platos y dejan de lado los bocatas. Tras encontrar un local que cumpliese dicha condición y almorzar, remontamos unos cientos de metros el río Deba para sacar unas cuantas fotos a las 900 y 950 que nos pasaron por el paisaje salpicado de caseríos y árboles de la carretera de Mendaro en la salida de la villa.

Las 900 en uno de los innumerables paisajes que recorre la línea San Sebastián-Hendaya.

Cuando estuvimos satisfechos, volvimos a la estación pudiendo observar una situación bastante tensa. Un individuo de unos 40 años de edad, no sabemos si tocado del ala o bajo los efectos de alguna sustancia, fue recriminado por los agentes de seguridad y algunos viajeros por llevar la mascarilla bajo la nariz. Tras discutir la situación y verse obligado a subirse el bozal, el cual se le caía constantemente, pegó un puñetazo a la pared intentando mitigar su frustración. Empezó a dar vueltas por el andén de una forma estresante, soltando de vez en cuando una patada a una pobre papelera que ninguna culpa tenía, lo cual atraía cada vez más la mirada de todos hacia él. Mientras andaba, se le caían los pantalones, por lo cual una señora le dijo que tuviera un poco de decencia y se los atase. El hombre no se tomó muy bien aquello y se arrimó a la señora para responderle algún que otro improperio, justo cuando vino el tren. La señora lo mandó a tomar viento y nos subimos todos al tren, incluido el alborotador cargado con una enorme mochila y una tablilla de surf. Al ver que empezaba a discutir con más viajeros, tanto los vigilantes de seguridad y municipales, que montaron en el convoy más a meter cizaña que a apaciguar los ánimos, como una empleada de Euskotren, pidieron amablemente al individuo que abandonase el tren, quedándose a discutir con él en el andén mientras nosotros salíamos de la estación con un par de minutos de atraso. 

Pasamos del paisaje costero de Zumaia y Deba a los valles de interior donde se sitúan los apabullantes paisajes industriales de Eibar y alrededores, de allí pasamos a la bucólica paz de Berriz, pasamos por los talleres de Lebario donde vimos las 2000 de EuskoKargo y el Trenbiker, pasamos por el modernísimo tramo soterrado de Durango y por otro tramo cerca de Galdakao lleno de postes de la electrificación de 1929… la vía estrecha y sus contrastes. Al final llegamos a Bilbao: pensabamos llegar hasta Matiko, actual final de la línea que jubiló a Atxuri, pero como no teníamos tiempo de sobra nos bajamos en Uribarri; deberíamos habernos bajado en Zazpikaleak, pero ciertamente no habíamos reparado en ello hasta llegar. Salimos a la superficie por unas escaleras mecánicas y viendo que estabamos a la par de la chimenea del parque de Etxebarria, en los barrios altos, bajamos a nivel de la ría, encontrándonos otra entrada de la estación de Uribarri que nos hubiera ahorrado la vueltecita. Ya abajo, pasando junto al Ayuntamiento, nos adentramos en el ensanche, en busca de las dos principales estaciones tradicionales de Bilbao que siguen prestando servicio a día de hoy, La Concordia y Abando. Por allí anduvimos fotografiando todo lo que se podía y coincidimos con un antiguo vigilante de seguridad de la estación de Vitoria, Javier, que presta ahora sus servicios en la planta comercial de Abando.

La unidad 407 del tranvía de Bilbao rueda en dirección a La Casilla bajo la atenta mirada de Don Diego López V de Haro por la Plaza Circular. En la panorámica se pueden observar el edificio Terminus (1894), diseñado por Severino Achúcarro, arquitecto de la Estación de La Concordia; la Estación de Abando (1948), diseñada por Alfonso Fungairiño, y la Torre del Banco de Vizcaya o Torre Bizkaia (1969), diseñada por Enrique Casanueva, Jaime Torres y José María Chapa, que con 88m fue el rascacielos más alto de Bilbao tras la Torre Bailén y fue destronada por la Torre Iberdrola, siendo restaurada recientemente recuperando su color rosado original.

Fotografía publicada en el número 325 de la revista Hobbytren, correspondiente al mes de octubre de 2020.


 La 3601 sale de La Concordia con destino La Calzada. Junto a la estación se yergue la citada Torre Bailén (1946), primer rascacielos de Bilbao con 43m de altura, diseñado por José María Chapa y Manuel Ignacio Galíndez.


La 401 en dirección La Casilla estacionado en Euskalduna con la Torre Iberdrola (2012) al fondo. Diseñada por César Pelli, mide 165m de altura.

Viendo que el tiempo menguaba cada vez más rápido, y así lo hacía también la luz del sol, decidimos poner rumbo hacia la Termibus, siguiendo la ría y las vías del tranvía. El paseo, de una belleza sublime, nos llevó junto al Guggenheim, ante el que no nos detuvimos demasiado a pesar de la atención que reclaman las sugerentes formas del edificio y la inesperada y fresca bruma que salía del estanque que lo rodea. Sí que nos detuvimos junto al puente levadizo de Deusto, inaugurado en 1936 y en servicio regular  hasta 1995. Recordaba haberlo visto levantado alguna vez, aunque puede que fuera fruto de mi imaginación infantil cuando mi padre me lo explicó la primera vez que estuve allí, mirando su maquinaria a través de los barrotes; la última vez que se levó fue en 2008, cuando se levaba en ocasiones especiales, y desde entonces, la falta de mantenimiento ha hecho que no sea posible que sus tableros se alcen de nuevo. Guardo la esperanza de verlo alzado de verdad alguna vez, aunque a este paso será tan imposible como ver el puente móvil de Treto girar sobre sí.

Al fin, llegamos a la terminal de autobuses. El local de entrada, aún en obras, no hace justicia al interior, completamente en servicio, de estilo sobrio y conservador dentro de lo moderno, un lugar  agradable dentro de lo que cabe. Llegó la hora de despedirnos, todos partíamos a las 20:00, sin embargo servidor tuvo que esperar media hora más por culpa de su ignorancia y de la incapacidad de la empleada de la ventanilla de Pesa para explicar correctamente el funcionamiento de compra de billetes de autobús, o más bien de percibir lo perdido que estaba uno pensando que podía pagar con la Mugi directamente. En el viaje inverso pasé por debajo de la cueva de Ermittia, donde estuve las anteriores dos semanas excavando, pasando por el túnel de la A-8 que provocó el hundimiento de una de las galerías de la cueva y dejando en su lugar un socavón de enormes dimensiones. Llegué a la moderna estación de autobuses de San Sebastián bajo el xirimiri que mojaba el suelo pero nada tuve que mojarme para resguardarme en la vieja Estación del Norte, casi vacía de noche hasta que poco antes de llegar el Cercanías se fue llenando el andén de la vía 2. Al poco de subir, unos viajeros musulmanes que andaban sin mascarillla comentaron algo de “mazcarela hamalahamala Auschwitz”, comparando el sometimiento de llevar la mascarilla a lo sucedido en el campo de concentración. En Hernani subió un joven, de origen musulmán también, que de forma muy modosa pidió a uno que se estaba liando un porro si tenía un poco más para darle para fumársela a la noche, a lo cual el hombre respondió lo de siempre, que era el último, que conseguir hierba estaba difícil para todos… el hombre se bajó en Urnieta, saludando al chaval de forma compasiva, y el chico continuó el viaje cabizbajo hasta Tolosa Centro, donde bajó junto a los de la “mazcarela”, los cuales bajaron atropelladamente tras preguntar al chico dónde estaban, despistados por la oscuridad de la noche y el silencio de la megafonía de la 446 recién llegada de Bilbao. Uno de ellos se dejó la mochila, que intenté entregar al personal de la estación de Tolosa, pero al no haber nadie tuve que resignarme a dejarla en la puerta de la cabina del maquinista, donde si no era ese día, al día siguiente tendría que ser vista. 

Un usuario del núcleo de Cercanías de Gipuzkoa viaja en dirección a San Sebastián durante la fase 1 del desconfinamiento ataviado con mascarilla, de uso obligatorio en los trenes y estaciones. Mientras, lee el número 29.112 del El Diario Vasco, el “Decano de la prensa Guipuzcoana”, correspondiete al 21 de mayo de 2020. Legible en los titulares: "Estado de alarma, día 68: Las mascarillas son obligatorias si no se puede mantener la distancia de seguridad"

Llegué al filo de las 23:00 a casa, contento por una jornada tan bonita que sin duda habrá que repetir alguna vez. Días como este ha habido bastantes este verano, y lo han salvado sin duda alguna. 

lunes, 29 de junio de 2020

Camino al exilio

 En el corriente número de la revista Hobbytren se publica un articulo que orgullosamente firmo titulado “Estación del Norte de San Sebastián: desafío al patrimonio industrial ante la llegada de la alta velocidad”, tratando el tema evidente. Quién sabe qué pensaría aquel niño rubio que era yo hace más de 15 años, a quien su “abuela postiza” Mª Carmen compraba revistas ferroviarias en el por entonces añejo kiosco de Jon en Beasain, si le dijeran que más de una década después algunas de sus fotos e incluso un artículo aparecerían en una de aquellas revistas que tanto le fascinaban y que tanto le costaban elegir de entre las tantas colgadas en aquel añejo escaparate… quizás le sorprendería más ver su firma en las fotografías, y más precisamente si alguna lo hiciera en la de portada, que era lo único a lo que reparaba aquel niño en sus momentos de minuciosa selección y posterior lectura, aunque por la misma regla de tres tampoco hubiera reparado en el autor de la fotografía. También se sorprendería de saber que conocería compañeros que le ayudasen y aconsejasen, que complementasen con sus fotografías su escrito… o que incluso, cumpliéndose los posteriores augurios de su padre, que lo animaba diciendo que en algún momento conocería a gente con la que compartir esta afición, conocería también a los autores de la brillante fotografía de portada y de una de las contraportadas del número, Iván e Iker. Se sorprendería de tantas y tantas cosas… mejor dejemos a aquella criatura que disfrute de su concienciosa y feliz lectura mientras se dirige a la estación de Beasain, donde durante la espera al cercanías que lo llevaría de vuelta a casa pasarían ante sus ojos 269’s taxi con infinitos portacoches, tandems con MegaCombis y 440R’s. 


Pero volviendo de las ensoñaciones y los recuerdos, tratemos el tema concerniente a la fotografía de hoy. Ayer circuló la noticia de que, a raíz de la compra de 36 coches de la serie 2000 -junto con otros 15 coches variopintos, 6 10000, 6 9600 y 3 9000- por parte de los CP, se iban a trasladar 18 de los apartados en Plaiaundi a Vilar Formoso. Tal composición, encabezada por una 253, la 060 para ser exactos, iba a ser sin duda algo digno de ser visto, y, viendo que el día amanecía nublado, he decidido acercarme a la estación de Legorreta, donde la longitud de su playa de vías daba sin duda sitio de sobra para que el largo tren entrase completo. Allí, hacia las diez de la mañana, me he encontrado con Nabor, mi fiel y longevo amigo billabonatarra. Tras ver pasar el Teco a Abroñigal arrastrado por la 253-096, que mi compañero no ha podido captar, en el siguiente cercanías a Irún ha llegado otro compañero, el beasaindarra Beñat, y tras esperar un buen rato siguiendo el rastro del tren por medio de varios avisos, al fin, la megafonía anunciaba el paso de un tren sin parada. Apelotonados como podíamos, uno detrás del otro, y aguantando la ligera llovizna, hemos admirado y captado el paso de esta dichosa circulación. 

Tras ello, Nabor y yo nos hemos dirigido al encuadre del paso superior que se situa en las inmediaciones de Cerio, encuadre que descubrí medio año antes cuando acompañé a Iker a captar un largo portacoches remolcado por un par de Traxx. Allí, al poco de aparcar el coche y empezar a remontar la cuesta que lleva al punto álgido del puente, ha aparecido otro vehículo, del que han bajado dos A.F.N.I. (aficionados al ferrocarril no identificados). Tras colocar las cámaras en posición y relajarnos por la información que nos llegaba de que el tren aún iba por Legazpi, me he acercado a advertirles que estuvieran tranquilos, que aún faltaba bastante; sin embargo, estaban mejor informados que yo y me han respondido que en realidad acababa de pasar Araia. Además, Vladimir, que en compañía de Andrés estaba esperándolo en Ezquerecocha, me ha avisado al poco de su paso, así que no he perdido mucho el tiempo y me he quedado ya alerta junto a la cámara. 

Al poco rato el tren ha hecho acto de presencia y hemos podido fotografiarlo a nuestro gusto, tras lo cual el otro par de aficionados se ha marchado, seguramente a perseguirlo a lo largo de la línea. Nosotros hemos tomado la dirección contraria y hemos ido camino al viejo apeadero de Bakaiku, a investigar un poco. Allí nos ha pillado por sorpresa un portacoches en dirección a Lezo remolcado por la 253-047, tras lo cual hemos vuelto a casa por el puerto de Otzaurte, pues pensábamos que el accidente de un camión que se ha empotrado contra la mediana a la altura de Idiazabal habría colapsado la N-I en la calzada descendiente del puerto de Etxegarate. 

Sin duda es una lástima que estos coches tengan que buscar un futuro mejor en el extranjero, pero es preferible a que se pudran aquí. De todas formas probablemente los volvamos a ver en un futuro sirviendo trenes como el Surexpreso u otros servicios posibilitados con la liberalización, de la cual se aprovecharán las empresas ferroviarias públicas de ámbos países vecinos -sea justo o no-; los franceses con la mira puesta en la Alta Velocidad, y los portugueses puede que, más discretamente, en el ferrocarril convencional. Como acérrimo liberal que soy, solo espero que los nidos de políticos inútiles enchufados e inútiles que son las directivas de Renfe, Adif y el Ministerio de Fomento se hundan en la miseria por no mirar más que por llenarse sus propios bolsillos a costa de los demás. La esperanza es lo último que se pierde, pero como nos lo demostró el desaparecido Arco, basta que esperes algo, como que un tren aguante un año más sobradamente, para que pase lo contrario.

Dedicada a Nabor, por subir tantas veces Etxegarate conmigo y en espera de subir muchas más.

viernes, 22 de mayo de 2020

Desde las alturas


La 251-004 arrastra el bobinero Trasona-Irún a su paso por el viaducto de Ormaiztegi, 14-V-2022.

Desde la tala del pinar que tapaba estas vistas, he intentado aprovechar lo máximo posible este encuadre, aunque muchas veces las circulaciones pasan con luz justa o mala por atrasarse, las nubes abren claros... como en cualquier otra parte, pero en este lugar especialmente no he tenido demasiada suerte, y por cosas como esa me quedé sin fotografiar el Arco desde allí. Esta vez tuve suerte, pues tanto la luz como el tren vinieron como debieron, sin embargo, los caprichos de mi vieja Canon hicieron que la foto no estuviera enfocando el frontal sino el lateral. También hay que mencionar que el cielo tuve que pegarlo después por edición, puesto que con el Yognuo de 50mm el ángulo era insuficiente para encuadrarlo: el resultado al menos me satisface, que eso es lo más importante.


Un Cercanías atraviesa el viaducto de Ormaiztegi en dirección a Irún.

La tradición de plantar Pinus insignis es endémica ya desde hace décadas en casi todo el Norte de Euskadi y el noreste de España, en contraste con la tradición eucalíptica del noroeste. Sin embargo, este tipo de plantaciones forestales ya no son tan rentables para los caseros terratenientes como en la época de las papeleras de Oria, que fueron cerrando sus puertas la pasada década. Aún así, siguen siendo una opción válida de inversión y aprovechamiento de los terrenos. De todas maneras, cabe mencionar que estos pinos, procedentes de América si no me equivoco, acidifican y empobrecen poco a poco la ya de por si ácida tierra en la que se plantan, traen plagas como la de las orugas radiata... una buena medida para contrarrestar estos efectos sería replantar algunos de estos terrenos deforestados con especies locales, entre las que destacaría el Quercus robur, el roble. Al ser acidófilo, se adaptaría fácilmente a las adversas condiciones, daría madera de calidad, y con la materia orgánica que desprenden de sus copas vuelven a enriquecer el sustrato; pero, en su contra, tardan mucho más en alcanzar su total crecimiento, haciendo que la rentabilidad de la inversión se diluya en el tiempo, sea más arriesgada y al final se opte por especies de ciclo más rápido y menor calidad para labores industriales, siendo este el caso del pino concretamente.
 
Conociendo el ciclo corto de estos pinos, seguramente se dejará descansar el solar por un par de años como mucho para replantarlo otra vez y ser talado de nuevo cuando el pino se haya desarrollado del todo, alrededor de 25 años. Así que quien quiera tomar fotografías de esta guisa, no puede esperar demasiado. ¡al menos si no quiere quedarse sin ellas!


Esta fue otra de las primeras fotos post-confinamiento que tuve oportunidad de sacar, después de subir a trompicones al encuadre tras acabar, con más pena que gloria, un examen online de Historia Antigua: El 310-059 con el herbicida de Comsa, regando las vías a su paso por el puente de Ormaiztegi en dirección a la frontera, 26-V-2022.
Fotografía publicada en el número 325 de la revista Hobbytren, correspondiente al mes de octubre del año 2020. 

lunes, 11 de mayo de 2020

Brotes verdes


Al fin, tras tanto tiempo encerrados en una confusión generada por tantos aplausos, boletines oficiales, comparecencias, eufemismos, murciélagos y pangolines, subvenciones, tecnicismos médicos, clases virtuales, colas en los supermercados, mascarillas y guantes, policías de balcón, inconscientes e incívicos, vídeos de enfermeros y ataúdes bailongos, mentiras y medias verdades, comienzan a devolvernos a plazos nuestra tan ansiada libertad en un proceso al que han decidido llamar “desescalada” y el cual nos lleva de camino a la “nueva normalidad” en la que la situación no parece demasiado alentadora; al menos parece que por el momento tenemos el consuelo de que iremos recuperando poco a poco la libertad de ejercer nuestra afición. Durante estos meses de un dichoso confinamiento esponjado y monótono, endulzado por los numerosos postres y los buenos recuerdos, saciado por el pan casero y las buenas viandas, embriagado por el vino tinto, la sidra y el whisky añejo y amargado por el café y los pensamientos de una mente inquieta, he podido comprobar que la mayoría, si no todos, hemos seguido disfrutando de este nuestro hobby de una forma diferente, embarcándonos en proyectos novedosos, limpiando fotos de archivo, escribiendo, investigando, viendo pasar los trenes desde el balcón... en fin, que quienes vivimos amando a algo o a alguien no lo abandonamos de nuestro pensamiento jamás, y recurrimos a ese refugio de su recuerdo como sedante en nuestros peores momentos. Algunos, quizás, se hayan dado cuenta ahora de que no se valora lo que se tiene hasta que se pierde, o quizás sigan inmersos en una burbuja; yo, desde pequeño, siempre he sido de los que intentan valorarlo todo lo más positivamente posible aplicando distintos puntos de vista para adaptarse más fácil a todo; tanto es así que he llegado hasta a engañarme a mí mismo, haciéndome creer que tener X, hablar con Y o hacer Z era lo más, o que tal o cual cosa era de una importancia menor, a pesar de que creer todo aquello no me aportase más que un falso sosiego y puro conformismo en realidad: ahora, también algunos nos damos cuenta de cuán superfluas son algunas cosas a las que damos una extrema importancia normalmente.

Como podréis observar el aburrimiento y las noches en vela de la cuarentena me han dado mucho en que pensar, quizás demasiado: mi mente es a veces, como quizás lo sea la vuestra, una cadena de pensamientos que abarcan desde recuerdos vergonzosos, errores, planes de futuro, preocupaciones del día a día… los cuales se concatenan y alargan hasta el infinito, de tal manera que termino durmiéndome de puro hastío, pero esto es peor cuando como en esta ocasión, la rutina se rompe y la mente, desocupada y ociosa, queda en un limbo de constantes pensamientos estériles e incluso perniciosos durante días. Por suerte estas últimas semanas he vuelto a tomar el control de mi cabeza, pero hay veces que esta situación, a la que vuelvo casi cada noche, hace que mi mente no pueda descansar: en la mañana del pasado jueves, madrugando casualmente por haber dormido poco y mal de tanto pensamiento involuntario, recibí el aviso de esta curiosa circulación de la 253-045 en dirección a Pamplona, tras lo cual no dudé en salir de mi domicilio a dar un paseo hacia el puente mientras de entre los pinares levantaba la niebla. Dicho paseo entraba en mis derechos como habitante de un pueblo de menos de no recuerdo cuántos habitantes y a menos de un kilómetro, así que no tuve de qué preocuparme, y menos dada la escasa o casi nula presencia de gente en esa zona. No era el primero de mis paseos postapocalípticos, pues salí a la caza de la 251-004 también el pasado lunes con un resultado infructuoso: vino más tarde de lo esperado y tenia que acudir a una clase virtual.

Al llegar al más que conocido encuadre del puente, parecía que recientemente la brigada de mantenimiento había colocado material de obras a ambos lados de las vías para renovar el pequeño canal que recoge las aguas pluviales junto a la vía de Madrid. Lo que estaba a punto de ver no dejaba de ser una 253 aislada, pero, además del tiempo que llevaba sin sacar una mísera foto a un tren, vaya con la 253… creo que no se ha visto en años una 253 tan limpia como esta, lo cual, en parte, es bastante triste, ya que representa el nivel de desidia que alcanza la compañía con su propia imagen, y aún peor, el incivismo que practican muchos “tontos del bote”, del bote de spray. Recibió, con motivo de la visita del Tren de Noé a España una obra de arte de concienciamiento ambiental que rueda por el mundo en un convoy de 200m de contenedores unas pequeñas modificaciones en su decoración, unas briznas de hierba en las esquinas incluyendo el lema “transporte sostenible”, en un intento por parte de Renfe de aprovechar la ocasión para limpiar su imagen, aunque quienes la conocemos de verdad sabemos que, a pesar de ser el transporte ferroviario muy sostenible, la empresa anda ahumando la catenaria de forma innecesaria por su mala cabeza, controlada siempre por primos y sobrinos del político de turno. Sin embargo, dejando de lado la hipocresía, da gusto ver lo mimada que está esta locomotora desde que recibió este engalanamiento, que algunos creímos temporal pero que por suerte se ha perpetuado.

No es la primera vez que circula por estas tierras, y probablemente tampoco la segunda y mucho menos la última, pero sí que es la primera vez que posa ante el objetivo de mi cámara, aunque se haya hecho de rogar, embobándome de tal forma que se me olvidó sacarle una foto de cola... esperemos que siga tan guapa como entonces la próxima vez, que esperemos que sea en un ambiente más normalizado.