viernes, 6 de agosto de 2021

Maquinaria pesada

 

Hace poco más de una semana, tuvimos oportunidad de poder ver por Gipuzkoa una locomotora que hacía bastante tiempo que no visitaba estos lares. Era la 319-212, una Retales alquilada por Tracción Rail, de marcado aspecto de vetusta maquinaria soviética con sus tan característicos testeros achaflanados, aunque su diseño ochentero sea propio de la estadounidense General Motors; venía acompañada de una bateadora, destinada a las numerosas obras que se están llevando a cabo en el tramo final de la línea, y la cual abandonó a su suerte con alevosía y nocturnidad en cuanto tuvo ocasión un par de días después, sin darnos oportunidad de volver a atestiguar su visita. 

Por no repetir por enésima vez el típico encuadre en el viaducto, que bien hubiera resultado bueno aunque me resulta ya hasta cierto punto estomagante, me planté unos metros más adelante del apeadero de mi pueblo, metiéndolo en el encuadre de esta panorámica. El resultado ciertamente me satisface, y dentro de lo que cabe se puede considerar novedoso. 

El tractor de maniobras 311-120 arrastra el 310-037 de camino a Irún y procedente de Miranda de Ebro, a su paso por el viaducto de Ormaiztegi. Un saludo a Unax Askasibar y Alain Lopez Korta, quienes estuvieron presentes durante la toma de la fotografía. 24-VI-2021


Estos últimos meses las reformas en la infraestructura han sufrido un gran impulso: el nuevo apeadero de Hernani sigue poco a poco siendo construido mientras el viejo, un temprano ejemplo de su tipo construido por Norte en 1924, teme por su integridad tras la finalización de su sucesor. Un poco más adelante, en Ergobia, Astigarraga, se yergue ya un nuevo paso superior que suprimirá en poco tiempo al actual paso a nivel, mientras hace ya un tiempo fue demolido de una forma "poco ortodoxa" un viejo paso superior sito unos cuantos metros más adelante. 

 

La estación de San Sebastián días antes del desmantelamiento de la playa de vías. En el paso superior se puede observar un grupo de ingenieros o técnicos observando el área.

30-IV-2021

Nuevas vías y señalización preparadas para acoger el tercer carril nos llevan por Martutene hasta San Sebastián, donde la playa de vías ha sido levantada para acoger la estación provisional que mientras la actual es "reformada" -por no decir otra cosa- prestará sus servicios. El desaparecido viaducto de Iztueta ya no descansa sobre las vías, la estación de Pasajes ahora acoge a los Alvias y MDs y cuenta con una nueva vía en el emplazamiento del ya derribado almacén de mercancías, la playa de vías de Rentería espera algunas renovaciones y su posible ampliación... pero el túnel de Gaintxurizketa sigue tal y como está desde hace unos años, con su tuneladora dentro y su férrea catenaria. Tampoco ha cambiado mucho la cosa por Irún, aunque la estación cada vez parece un lugar más vacío, un recuerdo de otros tiempos, y los viejos almacenes comerciales y las aduanas cada vez están en un estado más decrépito, esperando una poco posible salvación antes de que la piqueta se los lleve por delante, perdiéndose un paisaje tan característico y ferroviario. 


Ojalá todos estos cambios traigan consigo al menos la revitalización de este ferrocarril que lleva un tiempo languideciendo. El reto es enorme y el éxito poco probable, pues el rumbo de ciertas instituciones parece cada vez más alejado de la realidad: ni el histórico Surexprés ni el 16000 han vuelto y parecen ya sentenciados mientras que el desaparecido Arco, que en un principio volvió a ser suplido con aquellas ramas de transbordo de Talgo IV entre Vitoria e Irún y Miranda de Ebro y Bilbao, ha perdido su aquel tras ser sustituido dicho material móvil por un 121. La pandemia es, como en cualquier ámbito, la excusa perfecta, pero esperemos que no pierdan el norte por completo. 


sábado, 1 de mayo de 2021

Un trasbordo de gran provecho

 


Hace poco más de un mes, el 26 de marzo para ser exacto, montado en mi viaje de vuelta en el 18063 —que, como habitualmente, traía algo de retraso—, tuve conocimiento de la circulación de un bobinero Tramesa de Pasajes a Aranda, tráfico de Captrain con número 96998. La lógica falta de cobertura en la rampa de Otzaurte y la consecuente incomunicación en la que me dejaba hicieron que me pasase el viaje mirando algo impacientemente por la ventana hasta en los oscuros túneles que abundan en el trazado, esperando al menos poder saber en mi llegada a Zumárraga si me había cruzado con dicho mercante o merecía la pena esperarlo. 


Nada más apearme, habiendo perdido ya irremediablemente mi trasbordo como polizón en el cercanías a Irún que sale tras el Media Distancia, tuve que esperar bastante poco para que la Bitrac apareciese arrastrando lentamente por la curva sus cuántas toneladas de peso en modo diésel. Tras iniciar su entrada en la recta, el convoy empezó a frenar y quedó varado en medio, así que tuve ocasión de mejorar la fotografía aprovechando aquella parada técnica en la que el maquinista anduvo haciendo algo en la cabina posterior; supuse que intentaba activar el modo eléctrico pero sin demasiado éxito, pues reinició su andadura de la misma forma que paró unos cinco minutos antes. 


Ojalá todos los trasbordos fallidos que la impuntualidad de los Media Distancia me provocan fueran así de productivos y entretenidos, pues a decir verdad pocas fotos decentes he sacado en Zumárraga en estos últimos años...


sábado, 13 de marzo de 2021

Rebases y reformas


A pesar de la dejadez que presenta su edificio de viajeros, la estación de Legorreta, construida por Norte a principios de la década de 1880 como apartadero para cruces junto con otras estaciones similares como Brinkola o Villabona-Zizurkil, sigue cumpliendo de vez en cuando funciones similares a las que cumplía en sus orígenes, aunque hoy día en lugar de cruces (que con la duplicación de la vía a principios del siglo XX perdieron sentido) se efectúan algunos rebases, pero tampoco se aprovecha demasiado la gran extensión de su vía de apartado.

El MD 18061 Madrid Príncipe Pío-San Sebastián/Donostia, servido aquel día por la impecable 470-104, rebasa un Cercanías con destino Irún a cargo de la 446-117. 1-IX-2020 

Si los augurios son ciertos, pronto el servicio de viajeros se trasladará unos centenares de metros más cerca de la población como consecuencias de unas obras englobadas dentro de un proceso de renovación general del núcleo de Cercanías, con necesarias pero también cuestionables —y en cierta medida, inevitables, por el desinterés por el patrimonio de casi toda la sociedad e instituciones— obras, como las que se efectuarán en los apeaderos de Legazpi y Hernani, que borrarán del mapa dos ejemplos de los apeaderos de ladrillo característicos de Norte: el primero, ejemplar por la interesante estratigrafía que generan sus constantes ampliaciones y el segundo, por ser casi a ciencia cierta el primero de su tipo, siendo construido en 1925; dichos apeaderos, que sin demasiado mantenimiento han llegado hasta nuestros días con bastante dignidad, serán relevados por sendos apeaderos llenos de cristaleras y demás modernas instalaciones, que de seguir el mismo camino que sus antecesores, es de dudar que lleguen a tal grado de veteranía... Esperemos que, al menos en el caso de Legorreta, sobrevivan las actuales instalaciones para seguir dando cobijo a trenes que por un motivo u otro han de ser apartados y adelantados, y así asegurar una vía expedita siempre que así se necesite.

Unas horas más tarde, sucedía el rebase del MD 18063, de igual recorrido y servido esta vez por el 449-057, que adelantaba otro Cercanías a Irún, en este caso con la 447-267.

En una imagen tomada un par de meses antes, el 446-165 es adelantado por la 470-104, que anduvo unos días aquel verano sirviendo principalmente el MD 18061; debajo, el herbicida de VÍAS remolcado por la 319-313 de TECSA a su paso por la estación de camino a Irún, donde regaría sus extensas playas de vías. 2-VII-2020

domingo, 31 de enero de 2021

...y, al fin, cayeron.


Fotografía tomada el 25-I-2021 y usada como ilustración en el artículo de Burroughs, D. (3-VI-2021): “Spain outlines €1.5bn investment to improve intermodal freight International Rail Journal.

Mucho tiempo ha pasado desde que fotografié mi última 269 de Renfe, quizás 3 o 4 años ya. Desde entonces, las veteranas japonesas supervivientes en el sector privado me han sido muy esquivas: si alguna vez tenía la mínima oportunidad de verlas, pasaban a horas intempestivas o me dejaban tirado; si pasaban a buena hora, con el sol a favor y a una velocidad no demasiado alta, quien me dejaba tirado era la cámara, que quizás desacostumbrada a la chata forma de sus testeros se veía incapaz de enfocarlas correctamente. 

El lunes sin embargo, gracias al aviso de Borja, esquivando esa esquividad propia de las locomotoras niponas hacia mi cámara, tuve la suerte de poder captar el paso de este TECO Zaragoza-Bilbao de Continental desviado de su ruta habitual junto a la vieja aguada de Vitoria, como unas cuantas veces fallidamente intenté con las grisáceas cajas de zapatos de LCR en cabeza de los más anodinos portaautos Pamplona-Muriedas, pero con este tandem de tan colorida librea en cabeza y un amabilísimo maquinista al mando que me deleitó con sus atronadoras pitadas, despertando en mi memoria recuerdos de viejos tiempos; también tuve oportunidad de verlas el viernes en peores condiciones lumínicas y a cargo de un servicio similar, pasando a toda velocidad. Casi como en mi infancia, cuando remolcaban aquellos MegaCombi infinitos. Esta vez tampoco se dejaron enfocar por el autofoco, así que tuve que tirar de manual, ya que desde el día del primer Talgo-Intercity el Yougnuo no responde... al menos no quedó tan mal. 

Toda una alegría para dar fin a este enero algo desabrido, una mota de color en este panorama aburrido, desierto, sucio y casi monocromo del actual ferrocarril convencional.


jueves, 14 de enero de 2021

Talgo “entre ciudades"

 

El martes, un día más tarde de lo previsto debido a la supresión por motivos meteorológicos de los nuevos Alvia 626-632 Vigo/Salamanca-Barcelona y Barcelona-Salamanca/Vigo -unos 130 en doble composición que sustituyen los anteriores Alvia 621-625 (V/AC-B), sus inversos  622-626, y el difunto IC 280-283, es decir, el Arco Camino de Santiago, inició su andadura el Intercity 384 Irún-Vitoria y su inverso, el 385. Este nuevo servicio, que junto a su homólogo vizcaíno enlaza las dos provincias costeras del País Vasco con dichos Alvias, parte de Irún a las 12:05, efectuando parada en San Sebastián (12:20), Zumárraga (13:07), Alsasua (13:35), y termina su recorrido en Vitoria a las 13:58. El inverso, sale de Vitoria a las 16:45 y efectua las mismas paradas (17:05, 17:28 y 18:20) para llegar a Irún a las 18:40. Como podemos observar, sobre el papel tarda 1h 53mins. en completar el recorrido, 2 minutos más en el caso del inverso.  Al ser un tren de enlace a otro de Larga Distancia, no es justo compararlo con otros servicios en un recorrido similar, pero poniendo por caso un viaje de Vitoria a Zumárraga, el IC 385 tarda 7 minutos menos que los 50 que en teoría -no si tenemos en cuenta el endémico atraso que suele llevar- el MD 18063 de las 18:02. El billete del IC costaría 13,10€, mientras que el del MD costaría 7,60. 


Sabiendo que empezaba a circular ya, me acerqué a la estación a ver el servicio inaugural, robando un poco de tiempo a mis estudios. La locomotora, la 252-046, y el último remolque de la rama 4B14 presentaban un aspecto lamentable debido al vandalismo de los de siempre, no obstante, al estar manchadas la locomotora y la rama en lados opuestos se minimizaba el daño estético general en un lado, el cual tuve que correr un poco para poder captar, junto a la 440-207 del REX 18204 a Miranda, que tuvo que cambiar su lugar de partida mosqueando a unos cuantos de sus viajeros. En este Talgo vinieron algunos aficionados donostiarras a quienes tuve ocasión de saludar y conocer, y un amigable especialista de Talgo, que como casi todos en general opinaba que hubiera sido mejor dejar el Arco, y criticaba la desidia en el mantenimiento del material. 



Tras la maniobra de inversión, el convoy quedó en espera en la vía 4, hasta que el Sr. Amelibia, gran amigo, aficionado y casi-maquinista viniera a practicar por puro aburrimiento maniobras con este Talgo, metiéndolo a la hasta ahora en desuso vía 7. Ya después de acometer el enlace con el Alvia que traía dos horas de retraso, llevó el inverso hasta Irún, llegando allí con más de una hora de retraso fruto de problemas con el ASFA en Anoeta, cruces y demás zancadillas. 

Tanto tiempo parado hace mella en el material, y las sufridas 252 no iban a ser menos... en fin, no les veo demasiado futuro a estos enlaces, más que nada por lo engorroso de las maniobras, la proximidad de la vía 7 a una degradada zona de botellón y viviendas (las cuales no tardarán en quejarse por el ruido del generador)... como un pequeño preámbulo de la vuelta a las andadas de las ramas Talgo IV y las 252 no lo veo mal. 

Mejor tener el material en movimiento que pudriéndose en el semiabandono de una playa de vías, aunque me recuerda a los últimos servicios Madrid-Palencia de los Talgo II en 1972; no creo que esta sea la antesala de la muerte de este veterano material al cual le quedan aún unos cuantos años, pero como sabemos, con Renfe nunca se sabe....  


Un saludo a todos los presentes aquel día.

Fotografías de la maniobra de traslado de la composición a la vía 7.

lunes, 11 de enero de 2021

Año de nieves, año de bienes

 Para dejar atrás los sinsabores del 2020 que sin duda nos quedarán cual "paluego" entre los dientes por varios años, este 2021 ha traído la nieve para deleitarnos gracias a la borrasca "Filomena", aunque la circulación de los trenes y en general los medios de transporte haya sufrido numerosas afecciones que nos han dificultado en cierta medida disfrutar de la afición. 


La nieve llegó a mi pueblo el día 2 de enero, pillándome en cierta manera desprevenido y escéptico. Me levanté algo tarde y nada más mirar por la ventana me vestí y salí con la cámara a cuestas en dirección al barrio de Mendizabal, con la intención de tomar una fotografía general de Ormaiztegi nevado con alguna circulación a su paso por el viaducto. Pocas fotografías (si no ninguna) han sido captadas desde allí, al contrario que el ya celebérrimo encuadre del pinar talado, que, si metafóricamente llega a ser el pozo de Urbeltz —pozo de aguas sulfurosas situado metros abajo que alimentaba el viejo Balneario— ya estaría más seco que la mojama. De hecho, allí estaban al parecer apostados varios aficionados donostiarras, maravillados por la nieve goierritarra que no llegó a la cota 0. 

Mi intención era captar todo el pueblo en una panorámica, desde los caseríos de Berroeta y Agerre hasta la carretera A-636, que estaba siendo despejada por un quitanieves, pero la neblina procedente del calor de las casas y las bajas temperaturas, junto con la escasa memoria RAM de mi portátil barato chino hicieron difícil crear la fotografía que yo quería. Además, una incidencia en el suministro eléctrico y alguna otra incidencia menor interrumpió el tráfico entre Alsasua y Zumárraga, haciendo que lo único que se pudiera ver fueran las incansables 447 de Cercanías, cumpliendo como casi siempre puntualmente su servicio, y así lo hacían también el día 4, cuando la nevada arreció de nuevo en cotas algo más altas, manteniendo algo de nieve en mi pueblo y un exquisito manto de nieve en Brinkola, donde pasé un rato agradable pero no demasiado fructuoso con algunos compañeros. 



El resto de la semana pasada, en los ratos que me dejaban mis estudios, pude disfrutar de bonitas estampas en Vitoria, donde los tranvías rodaban en su salsa, al contrario de los trenes de Renfe, los cuales seguían sin levantar cabeza en gran medida por la grandiosa nevada en la meseta; estando casi todos los trenes suspendidos, poco había que ver en la vía ancha, aunque estos últimos días de ha dejado ver alguna que otra circulación. En fin, da un poco de lástima ver en qué ha quedado el ferrocarril, que antaño con peores condiciones técnicas y meteorológicas conseguía abrirse camino y hoy sin embargo queda paralizado a nada que cuaja un poco. 

Dedico estas fotografías a mi hermano, quien a las nueve horas y quince minutos del día de hoy ha alcanzado la mayoría de edad.


sábado, 28 de noviembre de 2020

Fotografías con trampa


Hace unas semanas colgué esta fotografía en mi cuenta de Instagram con la siguiente descripción: “La "sosteniblemente" vinilada 253-045 pasa por Las Trianas de camino a cargo del químico Villafría-Hendaya. Mientras, una 600 cruza el puente en dirección a la universidad, 18-IX-2020”. Ciertamente, la foto tuvo bastante éxito y la pintoresca escena del cruce llamó la atención a bastante gente que incluso se animó a comentarla: alguien la comparó con una famosa fotografía tomada por Enrique Guinea probablemente entre 1914 y 1915, en la que un convoy del extinto ferrocarril métrico Anglo-Vasco-Navarro encabezado por la locomotora Nº4 “Vitoria”, de tipo 0-3-0 construida por la Falcon Engine & Car work Ltd. de Lougborough (Gran Bretaña) en 1887, se cruza por medio de un paso elevado de reciente construcción con otro del Ferrocarril del Norte, que sería seguramente un expreso a Madrid remolcado por la por aquel entonces recién estrenada vaporosa 4012, de tipo 2-4-0 Mastodonte, las cuales elevaron la velocidad de los servicios a los 90km/h. Dicho paso superior servía, antes de que el ferrocarril de vía estrecha se extendiera hacia el sur a Estella, únicamente al ramal que lo enlazaba en la estación del Norte con el de vía ancha. Y es que la comparación tiene cierto sentido, es más, hay ciertos detalles que la hacen digna de semejante paralelismo. Casualidades de la vida, saqué la foto protagonista de hoy desde ese mismísimo puente que aparece en la vetusta foto, pues tras el cierre de la línea en 1968 fue reutilizado como paso peatonal y el tranvía de Euskotren, que desde su inauguración en enero de 2019 pasa por encima de la caja de vía del viejo Norte en dirección al sur de la ciudad, es de ancho métrico al igual que el antiguo Vasco-Navarro.

La mencionada fotografía de Enrique Guinea, conservada en los fondos de la sección fotográfica del Archivo Municipal de Vitoria-Gasteiz..

Pues bien, mi fotografía no es más que un mero montaje. Fue ideada durante la espera que precedió a la toma original, ya que el Alvia a Barcelona que venía delante del mercante pasó con cierto retraso haciendo que tuviera que esperar pasando frío y con riesgo de mojarme; el contexto meteorológico no era agradable, y como el aviso fue casi inminente no tuve demasiado tiempo de abrigarme como era debido. Así pues, como la foto no iba a tener suficiente encanto así sin nada especial que la adornase y teniendo en cuenta que ya tenía cazada la brillantemente mantenida 045 meses antes, pensé que para que la espera mereciese la pena tomaría una foto del tranvía cruzando el puente para así acoplarla a la foto original. Después de que el Alvia pasara segundos después del paso de un tranvía, confirmé que la casualidad sería casi imposible de captar y me reafirmé en acometer la mencionada edición, obteniendo como resultado la foto que véis, y que espero que alguien pueda captar alguna vez con más mérito y sin ayuda del fotomontaje. Sin embargo y en mi defensa, también la del Vasco-Navarro es una foto “preparada”, pues los integrantes de la tripulación del convoy de vía estrecha y algún que otro curioso más que sale en la foto posan alegremente al paso del expreso.

 


Hemos llegado ya al ocaso de este 2020, año inolvidable para bien y para mal. En este año marcado por la pandemia era un reto difícil disfrutar de la afición y de la vida en general, pero se ha hecho lo que se ha podido. No ha sido un año bueno para nuestra sufrida afición, pues en un abrir y cerrar de ojos han desaparecido los últimos coches convencionales, multitud de servicios que antes amenizaban las horas, ha vuelto a la carga la "Fundición de los Ferrocarriles Españoles" aunque se le haya podido parar los pies para salvar una rama de Talgo III entre otro material de interés, y, como guinda del pastel, ha desaparecido la revista HobbyTren, un medio de divulgación de esta afición que desde hace más de 25 años hacía llegar a los kioskos una muestra de nuestra afición sobre todo al tren real, y que cautivó durante años las miradas de niños como yo, que viendo aquellos impresionantes posters desplegables se inspiraba a hacer todo tipo de dibujos e incluso fotos de índole ferroviaria, con la cámara de dos megapíxeles de sus padres, claro. Pero este fatídico 2020 ha llegado ya casi a su fin y estamos viendo nacer el 2021, dejando atrás el amargo regusto de tantos planes mandados al garete, tantas personas separadas, tanta gente desesperada por su situación económica, tanto sufrimiento y tantas pérdidas, un regusto que por desgracia nos va a ser difícil eliminar como es comprensible, y más teniendo en cuenta que en los cerebros de nuestros dirigentes no hay nadie al volante. 

Para ilustrar este fin de año, estos días casi liminales entre un año y otro, elijo una de las pocas fotografías que tomé desde el puente internacional de Santiago, un lugar un tanto extraño y también liminal a día de hoy. Antaño punto de finalización de la N-I, homólogo de asfalto de nuestro Ferrocarril del Norte, ha sido despojado de gran parte de su carácter fronterizo y tráfico por y gracias al espacio Schengen y la A-8. A pesar de la peatonalización de este viejo paso sustituido por un puente de hormigón pocos metros más arriba, aún la zona guarda ese regusto de tierra de nadie, de lugar de paso. Las licorerías y los bares de no demasiado buena reputación que quedan abiertos, ya algo decadentes por la menor afluencia de viajeros, ayudan a hacerse una pequeña idea de la actividad económica que en su día creaba por allí la por entonces mucho más palpable frontera y sus aranceles; también la inmensa playa de vías de Plaiaundi, su maraña de catenaria, sus convoyes mercantes en espera, sus grúas y tras todo ello los puentes ferroviarios que salvan el Bidasoa adentrándose en territorio francés guardan aún la esencia de aquellos tiempos, de lugar de paso.


El viejo puente de 1864, que comparten la vía ancha y la vía de ancho internacional, aguanta con dignidad el implacable paso del tiempo, pero no es ajeno al mismo: el primer arco presenta un trozo de sillar caído, y uno de los balconcillos ya tiene una parte de su balaustrada en el fondo del río. Por suerte parece que Fomento efectuará algunas obras de mejora próximamente, haciendo que recupere seguramente el esplendor de viejos tiempos. Quizás esta desidia, no carente de belleza, todo hay que decirlo, en la que se ve inmerso el puente va en consonancia con la pérdida de importancia de la frontera pero también del transporte internacional ferroviario, que aunque no haya cesado es bastante más reducido de lo que era en su día. A día de hoy, además, ningún tren de viajeros lo cruza ya, pues el Surexpreso está a la espera de ser restablecido aunque nada se sabe de la fecha prevista (quizás ni siquiera esté prevista, al menos por parte de Renfe), y el pobre Arco hace meses que desapareció; además, ya ni los trenes franceses parecen hacer el intento de llegar a Irún para facilitar el transbordo, así que en este momento el pobre puente está relegado a un uso puramente mercantil. Por suerte, parece que la SNCF quiere recuperar el nocturno "Paloma Azul" o Lunea París-Hendaya, lo que al menos puede avivar un poco el panorama en dicha estación fronteriza, estancada en el tiempo y sin demasiados viajeros que da casi la misma impresión de desuso que las estaciones de Portbou y Cerbére: en estas el panorama era quizás aún más desolador en ese sentido, dado que ni siquiera las poblaciones a las que sirven, sumidas también en esa decadencia postfronteriza, les dan una mínima actividad de cercanías.


Entre ambos puentes, más cerca del carreteril de Santiago que del señorial puente decimonónico, se encuentra el más modesto pero quizás mejor conservado —que no mantenido— puente del Topo, que cada cuarto de hora pasa dos veces por él, primero cruzando a Hendaya y después de vuelta hacia San Sebastián. No parece que lleve demasiada gente tras la frontera, pero al menos facilita un servicio de trasbordo que las dos compañías nacionales no parecen estar muy interesadas en ofrecer. Éste topo era en realidad el objetivo principal de mi parada en el lugar, pues representaba un valor seguro a la hora de fotografiar alguna circulación allí. No obstante, con un adelanto de varios minutos, llegó una 900 a la estación de Ficoba hacia Amara nada más aparcar, haciendo que la "parada relámpago" prevista fuera alargada una decena de minutos más. Por suerte, el paisaje espectacular que representan estos puentes y el río Bidasoa, frontera natural en sus últimos kilómetros antes de desembocar en la Bahía de Txingudi amenizaron la espera, así como este dichoso tractor de maniobras de la SNCF, una caza verdaderamente inesperada y que me pilló sacando fotos a detalles del puente desde el paseo que hay en la orilla francesa. 


Quién sabe si en un futuro no volverá a estar en auge esta zona, quizás por los aires proteccionistas y estatistas que se vienen respirando los gobiernos ansiosos de manejar nuestro dinero desde hace un tiempo y más gracias a esta pandemia. Esperemos, que en lugar de ese auge del hermetismo, el motivo sea el resurgimiento de los trenes de viajeros convencionales y también del transporte de mercancías por ferrocarril. En fin, estimados lectores y visores, espero que tengáis una feliz navidad y un mejor año 2021 en el que ahora estamos a punto de sellar nuestro pasaporte.


sábado, 21 de noviembre de 2020

Pasando revista a la Imperial


La 355-002 de camino a San Sebastián, 30-IX-2020. Fotografía usada como ilustración en el artículo de Clinnick, R. (21-VI-2021): "Specialist depot for Spanish infrastructure locomotives and trains"; International Rail Journal.

Hace algo más de un mes tuvimos la suerte de ser visitados por la pareja de BT-s de Adif, en misión de reconocimiento por la zona norte, tanto en la línea de Rioja, como en la de Bilbao y en la de Irún. En el caso de estas tierras alavesas y guipuzcoanas, primero nos visitó la 355-002 —llamada en origen “Virgen de las Reyes”, siguiendo la tradición de Talgo de las advocaciones marianas—, y ya después la primera de la serie, llamada “Virgen del Rocío”. Estos prototipos de trenes autopropulsados diésel de alta velocidad y ancho variable fabricados por Talgo a finales de los 90 tienen el récord mundial de velocidad en tracción diésel, habiéndo alcanzado los 256,38Km/h el 12 de junio de 2002 en el Km. 402.2 de la línea Madrid-Barcelona-Francia, tal como rezan las orgullosas calcas que llevan las motrices.

La 355-001 apartada y la dresina de la estación volviendo de sus quehaceres, 7-X-2020.

Escoltados cual deportistas de élite, estrellas de cine, miembros del gobierno o de algún consejo de administración de una empresa del Ibex, por una patrulla de seguridad privada que era a ratos celosa de cualquier acercamiento humano y otras veces más atenta a la conversación entre sus miembros que al objeto de su vigilancia, son la joya de la corona de Adif, usándose algunas veces como trenes oficiales en actos públicos, aunque en general son usados para labores de auscultación. Mientras, la dresina de vía y obras, trabaja entre bambalinas, sin tanta pompa ni boato. 

El autor de las anteriores fotografías y estas líneas retratado por Renfe449 —a quien dedico la serie— ante la 355-001, 7-X-2020.

No me consta ninguna otra circulación de estos curiosos trenes por estos lares, y fue un inmenso placer poder avistar este extraordinario evento; espero que siendo la primera vez, no sea también la última vez que se dejen ver, para disfrute de todos los aficionados de la zona. Este tipo de fotos y momentos son los que, a pesar de todo, han hecho que este fatídico 2020 haya merecido la pena vivirlo. 

viernes, 21 de agosto de 2020

Viaje al centro de la tierra

Desde hace ya unos cuantos años, el verano es de lejos la época del año que menos me gusta. Nunca me ha gustado la playa y tampoco demasiado la piscina. Quizás es porque aprendí tarde a nadar, tenía miedo y algo de asco al agua salada, y pasaba el tiempo rebozándome en la arena, haciendo obras de ingeniería de miniatura, como túneles, murallas, diques de contención, embalses o modestos pozos en busca del agua bajo la arena. Tampoco me gusta pasar calor, prefiero mil veces pasearme por la nieve bien abrigado y sentir el agradable calor de la calefacción que estar cociéndome y aguantar un golpe de frio al entrar en cualquier parte. Tampoco me gusta romper las rutinas que, por simple inercia hacen que haga lo poco que hago. En verano me estanco, me siento inútil y fuera de lugar.

Por suerte este año he tenido la oportunidad de visitar no uno, sino dos yacimientos arqueológicos que, como varias jornadas ferroviarias memorables de los últimos meses, me han sacado de vivir el tedio que suponen para mí todas las horas muertas del casi infinito verano que los estudiantes hemos vivido este maldito año; horas muertas en las que te entran dudas existenciales, nostalgias y crisis que parecen trascendentales pero que desaparecen en cuanto te ves inmerso en algo que te gusta. Primero estuve tres semanas en Ondarre, investigando un fondo de cabaña probablemente calcolítico formado por piedras, que, igual que el balasto de nuestro querido ferrocarril, tenía como objetivo drenar el agua pluvial que el tejado de aquella estructura sería seguramente incapaz de aislar. No fue una campaña demasiado fructífera en cuanto a hallazgos, pero volver a ver a unos cuantos compañeros de clase, conocer a nuevos alumnos de la carrera y celebrarlo bien mereció la pena. Después estuve dos semanas en Deba, en la cueva de Ermittia, donde cribamos tierra sacada en dos catas ilegales y adecentamos un poco su estado, encontrando bastante material, haciendo la experiencia aún más interesante; entremedias, acudí a grabar el alzamiento del menhir de Naparbide, una restauración que quedó bien documentada en vídeo para la posterioridad. En todas esas experiencias, aparte de aprender bastante sobre arqueología, saqué bastantes fotografías y apliqué conocimientos y técnicas experimentales para las mismas, sobre todo y más concretamente la de la fotografía panorámica, la cual ya exploraba con anterioridad pero que ya empiezo a manejar con mayor efectividad.

Teniendo tanto que hacer durante todas estas semanas he dejado de lado el ferrocarril, pero en cuanto he tenido oportunidad he aplicado lo aprendido para obtener resultados de calidad variable pero bastante satisfactorios. El lunes tuvo lugar un modesto pero interesante y agradable viaje al “botxo” en el que me embarqué junto con Iker, artífice de la odisea, e Iván, el invitado de honor. Tiene delito que haya esperado hasta que surgiera este plan para confiar verdaderamente en el transporte colectivo y acercarme hasta Bilbao con intereses exclusivamente fotográficos, pero al fin he superado ese temor a quedarme tirado en una ciudad ajena pasando la noche en la calle cual vagabundo. Iniciando yo el viaje en Beasain me reuní con ambos compañeros en el REX 16001, en el cual venían charlando, o más bien escuchando, al agradable interventor de Media Distancia que alguna vez he mencionado por aquí. Resultó que aquel señor que sembraba pavor a unas chicas de mi pueblo desde que  supuestamente les echó la bronca por exigir el descuento del Carnet Joven tras subir sin billete en Vitoria, aquel interventor tan serio y educado que taladraba los billetes, era Gabi, un verdadero cachondo locamente aficionado al montañismo y al esquí al que desde aquí mando un saludo.



Normalidad en la Estación del Norte, dos unidades de Cercanías estacionados mientras circulan en direcciones opuestas; 17-VIII-2020.


Otro Cercanías, captado desde el puente de Iztueta. 

Al llegar a San Sebastián aprovechamos para sacar unas cuantas fotos tanto en la Estación del Norte como en el puente de Iztueta, que conecta Gros y Egia y que espera inexorablemente su escrito destino de caer bajo la piqueta. Tras ello, cruzamos el ensanche donostiarra hasta el barrio de Amara, donde se yergue aún la estación de Euskotren, construída a mediados de los 80 y con un incierto destino. Pronto esta estación de culo de saco será sustituida por la pasante, el hasta hace un tiempo llamado Metro Donostialdea y hoy día afortunadamente llamado oficialmente TOPO, llamado así en homenaje al tradicional apodo popular que recibe el ferrocarril de vía estrecha que casi sin descanso desde 1912, conecta por medio de numerosos túneles y no pocos viaductos San Sebastián con Hendaya. Sin duda y como demuestran tantos casos, es la vox pópuli quien mejor bautiza cualquier cosa. Ahora se ha puesto de moda bautizar “oficialmente” desde las instituciones las estaciones y en general obras públicas como si de aeropuertos americanos se tratasen, eligiendo un nombre concreto y a veces añadiéndole el nombre de un político —como si hubiera políticos que de verdad merecen ser homenajeados de semejante manera— y  dejando de lado otras formas de la tradición oral o la historia, pasando a complicar y prostituír algo tan puro como la toponímia. Seguramente la Estación del Norte (o de Atotxa) de Donostia-San Sebastián será ahora simplemente  “Atotxa”, y quizás dentro de un tiempo “Atotxa Odón Elorza”, como Bilbao-Abando es ahora “Abando Indalecio Prieto” (oscuro personaje). A ver cuándo se bautizan los aeropuertos vascos, propongo que sean “Loiu Patxi López”, “Foronda Carlos Garaikoetxea” y “Hondarribia Juan José Ibarretxe”, que bautizarlos así da muchisísimo caché, notesé la ironía.


La 927 "Bilbao" fuera de servicio y la 907 "Hendaia" procedente de Lasarte estacionadas en la playa de vías de Amara. Fotografía publicada en el número 325 de la revista Hobbytren, correspondiente al mes de octubre de 2020.

La 917 "Abadiño" y la 911 "Zumaia" esperando para salir hacia Bilbao y hacia Hendaya.

Pues bien, allí en Amara, tras un buen rato decidiendo si pararíamos en Zumaia o Deba a comer, tomamos partido por la segunda localidad, ya que a pesar de tenerla Iker y yo bastante vista —no así Iván—, la localización de su estación es inmejorable y Deba es mucho Deba. Tomamos un trago en la cafetería Topobide, y, aunque estuve tentado de acercarme al TOPOgune, una especie de centro de información sobre el TOPO —lo cual es habitual en ETS/RFV y Euskotren, hay puntos de información también sobre las obras del tranvía de Vitoria— el tiempo apremiaba y no tardamos mucho en acceder al andén, para, habiendo sacado unas cuantas fotos, partir a “equis” menos diez, como todos los trenes a Bilbao, rumbo a la localidad costera. El recorrido, que tras salir del túnel de Lugaritz deja ver paisajes cada vez más verdes y naturales a medida que se acerca al Oria y a su desembocadura, fue muy ameno, viendo de por medio muchos de los lugares descritos por José de Arteche en “Mi viaje diario”, una lectura más que recomendable. Así pues, poco a poco llegamos a Deba, donde nada más llegar, tras encontrarnos con un educado vigilante de seguridad que invocó el Protocolo Antiterrorista de 2005 (por el cuál según él, Euskotren impedía la práctica fotográfica en sus instalaciones en el Reglamento). Yo, que ya leí sobre el tema, argumenté que nuestra fotografía era definitivamente doméstica, por lo cual el artículo 3.8 no nos coartaba la libertad de fotografiar lo que nos placiese, aunque no pusimos mucha resistencia y nos dispusimos a buscar un bar con alimento de suficiente sustancia como para saciarnos, aunque a mí me hubiera valido con un crianza que me saciase la sed. No fue tarea fácil, ya que a partir de las 2 las cocinas parece ser que se centran en servir platos y dejan de lado los bocatas. Tras encontrar un local que cumpliese dicha condición y almorzar, remontamos unos cientos de metros el río Deba para sacar unas cuantas fotos a las 900 y 950 que nos pasaron por el paisaje salpicado de caseríos y árboles de la carretera de Mendaro en la salida de la villa.

Las 900 en uno de los innumerables paisajes que recorre la línea San Sebastián-Hendaya.

Cuando estuvimos satisfechos, volvimos a la estación pudiendo observar una situación bastante tensa. Un individuo de unos 40 años de edad, no sabemos si tocado del ala o bajo los efectos de alguna sustancia, fue recriminado por los agentes de seguridad y algunos viajeros por llevar la mascarilla bajo la nariz. Tras discutir la situación y verse obligado a subirse el bozal, el cual se le caía constantemente, pegó un puñetazo a la pared intentando mitigar su frustración. Empezó a dar vueltas por el andén de una forma estresante, soltando de vez en cuando una patada a una pobre papelera que ninguna culpa tenía, lo cual atraía cada vez más la mirada de todos hacia él. Mientras andaba, se le caían los pantalones, por lo cual una señora le dijo que tuviera un poco de decencia y se los atase. El hombre no se tomó muy bien aquello y se arrimó a la señora para responderle algún que otro improperio, justo cuando vino el tren. La señora lo mandó a tomar viento y nos subimos todos al tren, incluido el alborotador cargado con una enorme mochila y una tablilla de surf. Al ver que empezaba a discutir con más viajeros, tanto los vigilantes de seguridad y municipales, que montaron en el convoy más a meter cizaña que a apaciguar los ánimos, como una empleada de Euskotren, pidieron amablemente al individuo que abandonase el tren, quedándose a discutir con él en el andén mientras nosotros salíamos de la estación con un par de minutos de atraso. 

Pasamos del paisaje costero de Zumaia y Deba a los valles de interior donde se sitúan los apabullantes paisajes industriales de Eibar y alrededores, de allí pasamos a la bucólica paz de Berriz, pasamos por los talleres de Lebario donde vimos las 2000 de EuskoKargo y el Trenbiker, pasamos por el modernísimo tramo soterrado de Durango y por otro tramo cerca de Galdakao lleno de postes de la electrificación de 1929… la vía estrecha y sus contrastes. Al final llegamos a Bilbao: pensabamos llegar hasta Matiko, actual final de la línea que jubiló a Atxuri, pero como no teníamos tiempo de sobra nos bajamos en Uribarri; deberíamos habernos bajado en Zazpikaleak, pero ciertamente no habíamos reparado en ello hasta llegar. Salimos a la superficie por unas escaleras mecánicas y viendo que estabamos a la par de la chimenea del parque de Etxebarria, en los barrios altos, bajamos a nivel de la ría, encontrándonos otra entrada de la estación de Uribarri que nos hubiera ahorrado la vueltecita. Ya abajo, pasando junto al Ayuntamiento, nos adentramos en el ensanche, en busca de las dos principales estaciones tradicionales de Bilbao que siguen prestando servicio a día de hoy, La Concordia y Abando. Por allí anduvimos fotografiando todo lo que se podía y coincidimos con un antiguo vigilante de seguridad de la estación de Vitoria, Javier, que presta ahora sus servicios en la planta comercial de Abando.

La unidad 407 del tranvía de Bilbao rueda en dirección a La Casilla bajo la atenta mirada de Don Diego López V de Haro por la Plaza Circular. En la panorámica se pueden observar el edificio Terminus (1894), diseñado por Severino Achúcarro, arquitecto de la Estación de La Concordia; la Estación de Abando (1948), diseñada por Alfonso Fungairiño, y la Torre del Banco de Vizcaya o Torre Bizkaia (1969), diseñada por Enrique Casanueva, Jaime Torres y José María Chapa, que con 88m fue el rascacielos más alto de Bilbao tras la Torre Bailén y fue destronada por la Torre Iberdrola, siendo restaurada recientemente recuperando su color rosado original.

Fotografía publicada en el número 325 de la revista Hobbytren, correspondiente al mes de octubre de 2020.


 La 3601 sale de La Concordia con destino La Calzada. Junto a la estación se yergue la citada Torre Bailén (1946), primer rascacielos de Bilbao con 43m de altura, diseñado por José María Chapa y Manuel Ignacio Galíndez.


La 401 en dirección La Casilla estacionado en Euskalduna con la Torre Iberdrola (2012) al fondo. Diseñada por César Pelli, mide 165m de altura.

Viendo que el tiempo menguaba cada vez más rápido, y así lo hacía también la luz del sol, decidimos poner rumbo hacia la Termibus, siguiendo la ría y las vías del tranvía. El paseo, de una belleza sublime, nos llevó junto al Guggenheim, ante el que no nos detuvimos demasiado a pesar de la atención que reclaman las sugerentes formas del edificio y la inesperada y fresca bruma que salía del estanque que lo rodea. Sí que nos detuvimos junto al puente levadizo de Deusto, inaugurado en 1936 y en servicio regular  hasta 1995. Recordaba haberlo visto levantado alguna vez, aunque puede que fuera fruto de mi imaginación infantil cuando mi padre me lo explicó la primera vez que estuve allí, mirando su maquinaria a través de los barrotes; la última vez que se levó fue en 2008, cuando se levaba en ocasiones especiales, y desde entonces, la falta de mantenimiento ha hecho que no sea posible que sus tableros se alcen de nuevo. Guardo la esperanza de verlo alzado de verdad alguna vez, aunque a este paso será tan imposible como ver el puente móvil de Treto girar sobre sí.

Al fin, llegamos a la terminal de autobuses. El local de entrada, aún en obras, no hace justicia al interior, completamente en servicio, de estilo sobrio y conservador dentro de lo moderno, un lugar  agradable dentro de lo que cabe. Llegó la hora de despedirnos, todos partíamos a las 20:00, sin embargo servidor tuvo que esperar media hora más por culpa de su ignorancia y de la incapacidad de la empleada de la ventanilla de Pesa para explicar correctamente el funcionamiento de compra de billetes de autobús, o más bien de percibir lo perdido que estaba uno pensando que podía pagar con la Mugi directamente. En el viaje inverso pasé por debajo de la cueva de Ermittia, donde estuve las anteriores dos semanas excavando, pasando por el túnel de la A-8 que provocó el hundimiento de una de las galerías de la cueva y dejando en su lugar un socavón de enormes dimensiones. Llegué a la moderna estación de autobuses de San Sebastián bajo el xirimiri que mojaba el suelo pero nada tuve que mojarme para resguardarme en la vieja Estación del Norte, casi vacía de noche hasta que poco antes de llegar el Cercanías se fue llenando el andén de la vía 2. Al poco de subir, unos viajeros musulmanes que andaban sin mascarillla comentaron algo de “mazcarela hamalahamala Auschwitz”, comparando el sometimiento de llevar la mascarilla a lo sucedido en el campo de concentración. En Hernani subió un joven, de origen musulmán también, que de forma muy modosa pidió a uno que se estaba liando un porro si tenía un poco más para darle para fumársela a la noche, a lo cual el hombre respondió lo de siempre, que era el último, que conseguir hierba estaba difícil para todos… el hombre se bajó en Urnieta, saludando al chaval de forma compasiva, y el chico continuó el viaje cabizbajo hasta Tolosa Centro, donde bajó junto a los de la “mazcarela”, los cuales bajaron atropelladamente tras preguntar al chico dónde estaban, despistados por la oscuridad de la noche y el silencio de la megafonía de la 446 recién llegada de Bilbao. Uno de ellos se dejó la mochila, que intenté entregar al personal de la estación de Tolosa, pero al no haber nadie tuve que resignarme a dejarla en la puerta de la cabina del maquinista, donde si no era ese día, al día siguiente tendría que ser vista. 

Un usuario del núcleo de Cercanías de Gipuzkoa viaja en dirección a San Sebastián durante la fase 1 del desconfinamiento ataviado con mascarilla, de uso obligatorio en los trenes y estaciones. Mientras, lee el número 29.112 del El Diario Vasco, el “Decano de la prensa Guipuzcoana”, correspondiete al 21 de mayo de 2020. Legible en los titulares: "Estado de alarma, día 68: Las mascarillas son obligatorias si no se puede mantener la distancia de seguridad"

Llegué al filo de las 23:00 a casa, contento por una jornada tan bonita que sin duda habrá que repetir alguna vez. Días como este ha habido bastantes este verano, y lo han salvado sin duda alguna.